“Papi, si me porto bien esta semana me compras los Nike que yo quiero”. “Mamá, tú me prometiste que me ibas a comprar un celular nuevo tan pronto pudieras. Acuérdate que el mío se me cayó y no me puedo conectar bien. Los que así se expresan, son un niño de 10 años y una pequeña de 11, hijos de una vecina.
Existe la idea bastante extendida de estimular y recompensar a nuestros hijos e hijas, a veces más de lo debido. Eso está muy bien, pues con ello no solo elogiamos las buenas actitudes y comportamientos, sino también logramos prevenir conductas impropias. Sin embargo, tal método debe hacerse con sumo cuidado, ya que cuando no se aplica oportunamente, con frecuencia se obtienen resultados inesperados.
Los elementos de una recompensa tienen que elegirse atendiendo a la edad del menor y también, por supuesto, acorde al presupuesto que se tiene. En la primera infancia constituye un estímulo adecuado el reconocimiento cariñoso que papá, mamá y toda la familia hagan de las buenas acciones del niño o la niña.
El empleo de palabras afectuosas y frases estimulantes reafirma en el menor la convicción de que se ha portado bien, como esperaban sus padres. En este caso, el premio tiene valor informativo y lo motiva a seguir por esa línea.
A medida que crece, se van formando intereses específicos o cierto deseo de ser complacido con determinados objetos. También ocurre cuando ya se es mayorcito, le prometen premios a cambio del cumplimiento de exigencias impuestas o, simplemente los exigen porque a tal o más cual amiguito o amiguita, ya los tienen. Si este sistema de emplea de manera reiterada se corre el riesgo de que se acostumbre a obrar por el deseo de obtener algún estimulo o recompensa o por el hecho de no ser menos que los de su grupo, y no comprenda la importancia de actuar conscientemente.
Si los estímulos son muy desproporcionados o frecuentes, pierden su efectividad. Lo mismo ocurre si se repiten de la misma forma. Para evitarlo es imprescindible no olvidar el papel formativo del premio.
La mayoría de las veces asociamos la recompensa con valores materiales; dinero, determinados equipos, ropa. Los he visto, apenas empezando la adolescencia, pedir a sus padres hacerse tatuajes y piercings y a estos, complacerlos, sin tener en cuenta sus pocas edades y los límites a los que aun deben de responder. Se olvida que los valores educativos deben de ser, sobre todo, morales y formativos.
Cuando las acciones infantiles sirven a los fines del colectivo familiar o a su grupo, el hecho de alcanzar la meta deseada es, en sí misma, un gran premio.
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(Revista Mujeres )
Visto por:
Las embarazadas presentan más posibilidades para desarrollar formas graves de la COVID-19, señaló el doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, durante la conferencia de prensa de este viernes.
«Pasar por la COVID-19 siendo una gestante, aumenta las probabilidades de un parto prematuro y como consecuencia, el recién nacido pasa a unidades de cuidados neonatales», puntualizó.
Cuba reporta un total de 104 embarazadas contagiadas con el virus desde marzo de 2020, la mayoría fueron contactos de casos confirmados; hasta la fecha, nueve se mantienen activas con la COVID-19. Precisó el experto que no se lamenta la muerte de ninguna de ellas.
El doctor Durán se refirió, además, a la importancia de mantener el cuidado sobre los niños. En las últimas 48 horas se registraron 45 menores en edades pediátricas.
Exhortó también a las personas que reciben viajeros en su domicilio a cumplir con todas las medidas de prevención epidemiológicas.
Indicó que a los lactantes y menores de dos años se les mantiene el diagnóstico de la prueba de PCR en tiempo real, una vez que arriben al aeropuerto con sus familiares.
Destacó que las provincias que presentan una situación más compleja en el oriente de la Isla son Santiago de Cuba y Guantánamo.
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( Tomado de Granma)
Las embarazadas presentan más posibilidades para desarrollar formas graves de la COVID-19, señaló el doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, durante la conferencia de prensa de este viernes.
«Pasar por la COVID-19 siendo una gestante, aumenta las probabilidades de un parto prematuro y como consecuencia, el recién nacido pasa a unidades de cuidados neonatales», puntualizó.
Cuba reporta un total de 104 embarazadas contagiadas con el virus desde marzo de 2020, la mayoría fueron contactos de casos confirmados; hasta la fecha, nueve se mantienen activas con la COVID-19. Precisó el experto que no se lamenta la muerte de ninguna de ellas.
El doctor Durán se refirió, además, a la importancia de mantener el cuidado sobre los niños. En las últimas 48 horas se registraron 45 menores en edades pediátricas.
Exhortó también a las personas que reciben viajeros en su domicilio a cumplir con todas las medidas de prevención epidemiológicas.
Indicó que a los lactantes y menores de dos años se les mantiene el diagnóstico de la prueba de PCR en tiempo real, una vez que arriben al aeropuerto con sus familiares.
Destacó que las provincias que presentan una situación más compleja en el oriente de la Isla son Santiago de Cuba y Guantánamo.
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( Tomado de Granma)
En Cuba, donde nuestra identidad familiar ha estado determinada por el impacto de la Revolución y sus políticas sociales, tanto como el desarrollo de la mujer y su inserción en la sociedad, la familia continúa siendo una fuente importante de valores y saberes.
De hecho, el hogar de nuestros días no es el mismo en el cual se criaron nuestros padres y abuelos, pero sigue siendo el puntal emocional que tanto necesitan sus componentes. Un apoyo que se complementa en lo económico y material, lo cual es esencial para el crecimiento y desarrollo feliz de sus miembros.
Es a la familia, como núcleo primario, la encargada de la formación infantil. Derecho que se adquiere mostrando valores y normas de conducta positivas y logrando, a través de su influencia educativa, que se formen en niñas y niños buenas cualidades o características de personalidad acordes con la enseñanza dada.
Según los sicólogos, este referente está dado por los cambios que se producen, y por las contradicciones que estos provocan y que hacen que ocurran transformaciones importantes para el desarrollo de la personalidad infantil. En ello estriba la importancia de cuidar la atmósfera familiar y de diseñar lo cotidiano, procurando que nuestra descendencia crezca en un medio regido por el afecto, las mejores relaciones, la disciplina y el respeto mutuo.
Cada hijo o hija es la obra más legítima de quienes lo trajeron al mundo, lo protegieron y le enseñaron desde los primeros balbuceos y los primeros pasos hasta los preceptos morales que hacen del hombre y la mujer ciudadanos íntegros. Sin duda, esta es una gran responsabilidad que asume la familia sobre la base de una autoridad justa ante los más jóvenes de la casa que, al crecer en un ambiente armónico y coherente, sienten que todo su potencial humano se optimiza, brindándoles un valioso soporte para hacer frente a los desafíos de la vida diaria.
Hay quienes piensan que porque se es de la familia, no hay por qué dar las gracias, agradecer un favor o darnos los buenos días al levantarnos. De ahí la importancia de utilizar expresiones adecuadas con los niños, tales como “hazme el favor”, “muchas gracias”, “con permiso, “serias tan amable”, etc., que facilitan la avenencia y educan en la gentileza y la cortesía.
Ver a la familia como un lugar de refugio o como una institución tradicional inamovible, sin contradicciones ni diferencias, es un eufemismo. No son estas dimensiones extremas si pasan por el tamiz del respeto, la comunicación y la tolerancia. Creo más bien que ese “refugio emocional” que tenemos en casa y en el que cada componente del núcleo forma parte feliz de la preservación de su entorno, continuara siendo parte intrínseca de la coexistencia humana. Aquí y en cualquier punto del planeta.
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( Revista Mujeres)
En Cuba, donde nuestra identidad familiar ha estado determinada por el impacto de la Revolución y sus políticas sociales, tanto como el desarrollo de la mujer y su inserción en la sociedad, la familia continúa siendo una fuente importante de valores y saberes.
De hecho, el hogar de nuestros días no es el mismo en el cual se criaron nuestros padres y abuelos, pero sigue siendo el puntal emocional que tanto necesitan sus componentes. Un apoyo que se complementa en lo económico y material, lo cual es esencial para el crecimiento y desarrollo feliz de sus miembros.
Es a la familia, como núcleo primario, la encargada de la formación infantil. Derecho que se adquiere mostrando valores y normas de conducta positivas y logrando, a través de su influencia educativa, que se formen en niñas y niños buenas cualidades o características de personalidad acordes con la enseñanza dada.
Es el de la familia un concepto sagrado para el pueblo cubano. La denominada célula fundamental de la sociedad, constituye no solo fuente de valores, tradiciones y principios, sino excepcional ámbito de definición individual.
Sobra decir que lo aprehendido al calor del cariño y la educación familiar, forma parte del legado que brindamos después a esa estructura de fidelidad y amor que fundamos.
Los lazos que nos unen a nuestros seres más queridos son, por lo general, el pilar donde descansa nuestra fuerza, la voluntad que nos inspira cada día, la esperanza necesaria cuando las cosas no marchan bien.
Es esa misma familia la que nos ayuda a construir y realizar nuestros sueños, porque forma parte de los momentos más importantes de nuestras vidas. En los buenos, comparten toda la alegría, y en los difíciles, son siempre el cálido abrazo que nos permite sentirnos a salvo.
¿Puede alguien dudar entonces de lo necesaria que resulta en este oscuro y triste pasaje que vive la humanidad?
Algo imprescindible para hacer frente a este inesperado «hoy» es, precisamente, preservar y fortalecer esos lazos que nos unen a nuestros seres queridos. Ya sea en el seno del hogar o distancia por medio, mucho puede hacer ese estrecho círculo en función de la tranquilidad, la protección y el apoyo a cada uno de sus miembros.
La unidad y el consenso no son únicamente las líneas que, como sociedad, defendemos, también son indispensables al interior de la familia. Saberse cada uno responsable por el otro, saber en qué medida nuestra actitud consciente frente a esta pandemia, puede mantener a salvo a quienes nos acompañan, será, sin duda. motivación invaluable para pensarlo dos veces antes de violar lo establecido.
En medio de la complejidad de estos días, cuando nos golpean el estrés y la preocupación, recurramos al diálogo hogareño, a las maneras de recordarles a esos seres especiales cuánto los amamos, y tengamos presente que son esos sentimientos entrañables y profundos, la manera de hacer más llevadera la espera de ese soñado momento en que derrotemos a tan mortífero y silencioso enemigo.
Hagamos de la familia el talismán de nuestra paz, de la serenidad que no puede ahora faltarnos, para que perder a uno de ellos sea un hecho propio del curso de la vida, pero nunca el fruto del descuido o la ignorancia intencional.
Así, cuando todo pase, cuando las oscuras nubes del peligro despejen nuestro cielo, allí estarán ellos para nosotros y nosotros para ellos, porque eso es la familia: la hermosa seguridad de vivir, también, por alguien más.
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( Tomado de Granma )
Es el de la familia un concepto sagrado para el pueblo cubano. La denominada célula fundamental de la sociedad, constituye no solo fuente de valores, tradiciones y principios, sino excepcional ámbito de definición individual.
Sobra decir que lo aprehendido al calor del cariño y la educación familiar, forma parte del legado que brindamos después a esa estructura de fidelidad y amor que fundamos.
Los lazos que nos unen a nuestros seres más queridos son, por lo general, el pilar donde descansa nuestra fuerza, la voluntad que nos inspira cada día, la esperanza necesaria cuando las cosas no marchan bien.
Es esa misma familia la que nos ayuda a construir y realizar nuestros sueños, porque forma parte de los momentos más importantes de nuestras vidas. En los buenos, comparten toda la alegría, y en los difíciles, son siempre el cálido abrazo que nos permite sentirnos a salvo.
¿Puede alguien dudar entonces de lo necesaria que resulta en este oscuro y triste pasaje que vive la humanidad?
Algo imprescindible para hacer frente a este inesperado «hoy» es, precisamente, preservar y fortalecer esos lazos que nos unen a nuestros seres queridos. Ya sea en el seno del hogar o distancia por medio, mucho puede hacer ese estrecho círculo en función de la tranquilidad, la protección y el apoyo a cada uno de sus miembros.
La unidad y el consenso no son únicamente las líneas que, como sociedad, defendemos, también son indispensables al interior de la familia. Saberse cada uno responsable por el otro, saber en qué medida nuestra actitud consciente frente a esta pandemia, puede mantener a salvo a quienes nos acompañan, será, sin duda. motivación invaluable para pensarlo dos veces antes de violar lo establecido.
En medio de la complejidad de estos días, cuando nos golpean el estrés y la preocupación, recurramos al diálogo hogareño, a las maneras de recordarles a esos seres especiales cuánto los amamos, y tengamos presente que son esos sentimientos entrañables y profundos, la manera de hacer más llevadera la espera de ese soñado momento en que derrotemos a tan mortífero y silencioso enemigo.
Hagamos de la familia el talismán de nuestra paz, de la serenidad que no puede ahora faltarnos, para que perder a uno de ellos sea un hecho propio del curso de la vida, pero nunca el fruto del descuido o la ignorancia intencional.
Así, cuando todo pase, cuando las oscuras nubes del peligro despejen nuestro cielo, allí estarán ellos para nosotros y nosotros para ellos, porque eso es la familia: la hermosa seguridad de vivir, también, por alguien más.
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( Tomado de Granma )
La neuropatía diabética es una de las complicaciones de la enfermedad crónica llamada diabetes mellitus. En ella se produce determinado daño en los nervios periféricos que dificulta sus funciones en diversas partes del cuerpo.
Se produce habitualmente en los diabéticos no bien controlados con niveles de sus glicemias generalmente por encima de lo normal. Con el tiempo, los niveles altos de azúcar en la sangre dañan los pequeños vasos sanguíneos que irrigan a los nervios, la llamada vasa nervorum. Por eso quienes no controlan muy bien su azúcar en la sangre pueden tener más probabilidades de padecer neuropatía diabética.
Para un diabético que desee prevenir, detener o enlentecer el progreso de esta complicación, lo más importante es, de forma estable: mantener sus glicemias bajo control, tomar sus medicamentos, incluida la insulina, exacta y disciplinadamente, tal como lo prescribe el especialista; seguir una dieta saludable; hacer regularmente sus ejercicios físicos; alcanzar su peso ideal; asistir a sus consultas programadas con los análisis que se le hayan indicado; hacerse sus glicemias con su glucómetro y anotarlas en una libreta con fecha y hora; mantener su colesterol en cifras normales; no estresarse; dormir lo suficiente; y no fumar, beber o tener otra adicción tóxica.
Los principales síntomas de la neuropatía diabética periférica son fundamentalmente entumecimiento; pérdida de sensibilidad u hormigueo doloroso y ardor en determinadas partes del cuerpo, especialmente en pies y dedos, así como en las piernas; debilidad muscular y dificultad para caminar; lenta cicatrización cuando se tienen cortes, llagas o ampollas en ellos, además de no doler tanto como pudiera esperarse debido a una sensibilidad disminuida.
Cuando el diabético asiste a su consulta especializada, el médico debe revisarle los pies, así como también su podólogo en las visitas mensuales. Quien es diabético y comienza a tener síntomas de neuropatía diabética, se le realizará a un examen físico minucioso de la zona afectada y posiblemente sea remitido a una consulta de neurología.
Para diagnosticar la neuropatía diabética se utilizan pruebas para medir la funcionalidad de los nervios. Ellas determinan su respuesta a las señales eléctricas, la sensibilidad al tacto y los cambios de temperatura de las zonas exploradas.
Como no existe cura para la neuropatía diabética, el tratamiento se basa, tal como dijimos, en frenar o demorar el desarrollo de la afección o prevenir su aparición. Se puede lograr controlando los niveles de azúcar en la sangre al hacer cambios favorables en los estilos de vida, pues no solo ayudan a los nervios, sino también a promover la salud general.
Parte del tratamiento para la neuropatía diabética, una vez que lamentablemente se padece, se enfoca en aliviar el dolor y el malestar utilizando algunos medicamentos disponibles con ese fin, sin dejar de lado los saludables estilos de vida recomendados.
Por parte del diabético es fundamental cuidar muy bien sus pies con y sin esta complicación presente, tratando de evitar lesiones en esa zona, haciendo ejercicio para ayudar a mantener los músculos fuertes y para conservar una adecuada circulación de la sangre, consultar con el especialista si encuentra una grieta o una llaga o uñas encarnadas en cualquiera de sus pies, mantener la piel seca, aplicarse una pequeña cantidad de loción o crema hidratante a sus pies cada día para mantener su piel suave y reducir el agrietamiento, no dejarlos estar demasiado calientes o demasiado fríos y nunca andar descalzo.
En relación con sus zapatos y medias, estas últimas deben cambiarse diariamente, ser cómodas, no muy ajustadas y nunca deben dejar de utilizarse; no caminar con chancletas o sandalias con puntera abierta, evitar los zapatos de tacón alto y con puntera estrecha.
Los zapatos nuevos deben comprarse al final del día, cuando los pies ya estén un poco hinchados, pues si quedan cómodos en ese momento, probablemente también se sentirán de la misma manera a cualquier hora del día. Se van acomodando y ablandando gradualmente.
Diariamente se debe revisar con la mano el interior de los zapatos para ver si tienen cuerpos extraños, clavos o durezas perceptibles en las plantillas, pues estas cosas podrían provocar rozaduras en los pies y generar ampollas o llagas no perceptibles y no dolorosas debido a una neuropatía diabética.
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(Tomado de Cubahora )
La neuropatía diabética es una de las complicaciones de la enfermedad crónica llamada diabetes mellitus. En ella se produce determinado daño en los nervios periféricos que dificulta sus funciones en diversas partes del cuerpo.
Se produce habitualmente en los diabéticos no bien controlados con niveles de sus glicemias generalmente por encima de lo normal. Con el tiempo, los niveles altos de azúcar en la sangre dañan los pequeños vasos sanguíneos que irrigan a los nervios, la llamada vasa nervorum. Por eso quienes no controlan muy bien su azúcar en la sangre pueden tener más probabilidades de padecer neuropatía diabética.
Para un diabético que desee prevenir, detener o enlentecer el progreso de esta complicación, lo más importante es, de forma estable: mantener sus glicemias bajo control, tomar sus medicamentos, incluida la insulina, exacta y disciplinadamente, tal como lo prescribe el especialista; seguir una dieta saludable; hacer regularmente sus ejercicios físicos; alcanzar su peso ideal; asistir a sus consultas programadas con los análisis que se le hayan indicado; hacerse sus glicemias con su glucómetro y anotarlas en una libreta con fecha y hora; mantener su colesterol en cifras normales; no estresarse; dormir lo suficiente; y no fumar, beber o tener otra adicción tóxica.
Los principales síntomas de la neuropatía diabética periférica son fundamentalmente entumecimiento; pérdida de sensibilidad u hormigueo doloroso y ardor en determinadas partes del cuerpo, especialmente en pies y dedos, así como en las piernas; debilidad muscular y dificultad para caminar; lenta cicatrización cuando se tienen cortes, llagas o ampollas en ellos, además de no doler tanto como pudiera esperarse debido a una sensibilidad disminuida.
Cuando el diabético asiste a su consulta especializada, el médico debe revisarle los pies, así como también su podólogo en las visitas mensuales. Quien es diabético y comienza a tener síntomas de neuropatía diabética, se le realizará a un examen físico minucioso de la zona afectada y posiblemente sea remitido a una consulta de neurología.
Para diagnosticar la neuropatía diabética se utilizan pruebas para medir la funcionalidad de los nervios. Ellas determinan su respuesta a las señales eléctricas, la sensibilidad al tacto y los cambios de temperatura de las zonas exploradas.
Como no existe cura para la neuropatía diabética, el tratamiento se basa, tal como dijimos, en frenar o demorar el desarrollo de la afección o prevenir su aparición. Se puede lograr controlando los niveles de azúcar en la sangre al hacer cambios favorables en los estilos de vida, pues no solo ayudan a los nervios, sino también a promover la salud general.
Parte del tratamiento para la neuropatía diabética, una vez que lamentablemente se padece, se enfoca en aliviar el dolor y el malestar utilizando algunos medicamentos disponibles con ese fin, sin dejar de lado los saludables estilos de vida recomendados.
Por parte del diabético es fundamental cuidar muy bien sus pies con y sin esta complicación presente, tratando de evitar lesiones en esa zona, haciendo ejercicio para ayudar a mantener los músculos fuertes y para conservar una adecuada circulación de la sangre, consultar con el especialista si encuentra una grieta o una llaga o uñas encarnadas en cualquiera de sus pies, mantener la piel seca, aplicarse una pequeña cantidad de loción o crema hidratante a sus pies cada día para mantener su piel suave y reducir el agrietamiento, no dejarlos estar demasiado calientes o demasiado fríos y nunca andar descalzo.
En relación con sus zapatos y medias, estas últimas deben cambiarse diariamente, ser cómodas, no muy ajustadas y nunca deben dejar de utilizarse; no caminar con chancletas o sandalias con puntera abierta, evitar los zapatos de tacón alto y con puntera estrecha.
Los zapatos nuevos deben comprarse al final del día, cuando los pies ya estén un poco hinchados, pues si quedan cómodos en ese momento, probablemente también se sentirán de la misma manera a cualquier hora del día. Se van acomodando y ablandando gradualmente.
Diariamente se debe revisar con la mano el interior de los zapatos para ver si tienen cuerpos extraños, clavos o durezas perceptibles en las plantillas, pues estas cosas podrían provocar rozaduras en los pies y generar ampollas o llagas no perceptibles y no dolorosas debido a una neuropatía diabética.
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(Tomado de Cubahora )
Nuestro cuerpo necesita del agua para vivir. ¿Ya lo sabía? Este líquido garantiza el buen funcionamiento del organismo humano.
Entre algunas de sus funciones encontramos la trasportación del oxígeno a todo el cuerpo, la regulación de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, ayuda a la digestión, mantiene los órganos y sus tejidos sanos, regula la temperatura del cuerpo, contribuye a eliminar las bacterias de la vejiga y el beneficio que más hemos escuchado: mantiene nuestros riñones saludables.
Cuántos beneficios obtendrá solo con beber agua, pero qué cantidad de agua deberíamos ingerir al día para mantener una buena hidratación. Esto depende de cada persona, de las actividades que desarrolle al día, de su peso, del clima. La recomendación general es uno o dos litros diarios, pero hay una forma de saber cuándo es que su cuerpo necesita realmente beber agua, es cuando tiene sed.
Es importante analizar este punto porque un exceso de hidratación también le provoca efectos negativos a la salud, dígase hiponatermia, que no es más que ingerir más agua de la que se pierde. Por ello, pensar que en el día debo tomar uno, dos o tres litros de agua no puede verse como una camisa de fuerza. Beba agua, pero no en exceso.
Claro, como vimos anteriormente el clima también es un aspecto importante. Si nos encontramos en verano, estación en la cual en Cuba hace mucho calor los especialistas recomiendan que cada persona lleve consigo un pomo de agua porque va a sentir más sed de lo habitual debido al sol, las altas temperaturas.
La salud es un aspecto esencial. Si mantenemos nuestro cuerpo saludable, entonces vamos a sentirnos mejor. Por ello, recuerde beber agua, pero sin exceso.
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(Revista mujeres)
Nuestro cuerpo necesita del agua para vivir. ¿Ya lo sabía? Este líquido garantiza el buen funcionamiento del organismo humano.
Entre algunas de sus funciones encontramos la trasportación del oxígeno a todo el cuerpo, la regulación de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, ayuda a la digestión, mantiene los órganos y sus tejidos sanos, regula la temperatura del cuerpo, contribuye a eliminar las bacterias de la vejiga y el beneficio que más hemos escuchado: mantiene nuestros riñones saludables.
Cuántos beneficios obtendrá solo con beber agua, pero qué cantidad de agua deberíamos ingerir al día para mantener una buena hidratación. Esto depende de cada persona, de las actividades que desarrolle al día, de su peso, del clima. La recomendación general es uno o dos litros diarios, pero hay una forma de saber cuándo es que su cuerpo necesita realmente beber agua, es cuando tiene sed.
Es importante analizar este punto porque un exceso de hidratación también le provoca efectos negativos a la salud, dígase hiponatermia, que no es más que ingerir más agua de la que se pierde. Por ello, pensar que en el día debo tomar uno, dos o tres litros de agua no puede verse como una camisa de fuerza. Beba agua, pero no en exceso.
Claro, como vimos anteriormente el clima también es un aspecto importante. Si nos encontramos en verano, estación en la cual en Cuba hace mucho calor los especialistas recomiendan que cada persona lleve consigo un pomo de agua porque va a sentir más sed de lo habitual debido al sol, las altas temperaturas.
La salud es un aspecto esencial. Si mantenemos nuestro cuerpo saludable, entonces vamos a sentirnos mejor. Por ello, recuerde beber agua, pero sin exceso.
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(Revista mujeres)
El pequeño Alejandro se le ha ido de las manos a la familia. Al estirón físico de una edad en que se pugna por verse libre de la tutela familiar y crecen las exigencias, se unen el afán por pertenecer a un grupo, por incluirse y ser aceptado en el mismo.
Para el adolescente, es el inicio de una etapa de reclamos de derechos más concretos: salir con el grupo, andar en la calle hasta bien tarde en la noche, irse a una disco (tan pronto se reabran estas) o pasarse el fin de semana en casa de alguna amistad, en lo que hoy llaman “piyamadas”.
Si no es complacido, se rebela. Aduce que ya es grande, que sabe lo que hace y que estos tiempos son diferentes a los que vivieron sus padres. Reacción natural en la adolescencia para reafirmar su personalidad y sentirse hombre o mujer, sobre todo, dueño absoluto de su persona.
Lo más aconsejable es actuar forjando un clima de identificación entre padres e hijos, estrechando más los vínculos de afectividad y el siempre necesario diálogo. De hecho, hay que establecer un proceso de retroalimentación sin límites, con el fin de ganar su confianza y aplacar la rebeldía, que si no es combatida de la forma explicada, pudiera derivar en males mayores.
Como proceso evolutivo del desarrollo humano, la adolescencia es una etapa de cambios y de crisis. Durante la misma aparecen necesidades nunca antes sentidas con tanta intensidad por la muchacha o el muchacho, sobre todo la de autoafirmación. Para las y los adolescentes quizás lo más difícil resulte lo indefinido de su situación, pues a veces los tratamos como niños, otras les exigimos como si fueran adultos y ellos mismos se perciben un poco en “tierra de nadie, pues se sienten pertenecientes o excluidos a la vez del mundo infantil que van dejando atrás y del mundo adulto que les da la bienvenida. Y aunque necesitan aun mucho de nosotros, ya no somos su compañía favorita.
Sabemos de padres jóvenes que se ven impotentes de actuar con los hijos adolescentes y entonces apelan a los gritos, los golpes, los castigos y las actitudes intolerantes, olvidando que en un ayer no lejano, provocaron idénticos o mayores dolores de cabezas a sus propios progenitores. Este es un punto problemático cuando de padres y madres preocupados y responsables se trata, pues los despreocupados se las arreglan permitiéndoles hacer cuanto desea el o la adolescente. En otras palabras, se desatienden del hijo (a) y optan por darles mayor libertad, sin diferenciar entre una emancipación ajustada y conveniente y el libertinaje desenfrenado.
Lo primero es evitar las actitudes autoritarias y paternalistas, buscando la comunicación más cordial y segura con los ya no tan niñas y niños. Ir “soltándolos”, mientras se tiene en cuenta el grado de responsabilidad y madurez adquiridas por estos ante los estudios, la familia y su entorno comunitario.
De hecho, la autonomía que se le concede tiene que estar sujeta a determinadas limitaciones previstas por el núcleo familia, siempre haciéndoles ver que aún no son dueños totalmente de sus acciones porque la vida está compuesta de etapas y esta de la adolescencia es una de ellas.
Por delante, les queda terminar estudios e independizarse económicamente, pues esta condición tiene que guardar total equilibrio con sus deberes y responsabilidades para con ellos o ellas mismas, la familia y la sociedad en su conjunto. De ahí la importancia de establecer una comunicación constante con el o la adolescente, con el fin de ganar su confianza y estima
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(http://www.mujeres.co.cu/art.php?MTQ4OTE= )
El pequeño Alejandro se le ha ido de las manos a la familia. Al estirón físico de una edad en que se pugna por verse libre de la tutela familiar y crecen las exigencias, se unen el afán por pertenecer a un grupo, por incluirse y ser aceptado en el mismo.
Para el adolescente, es el inicio de una etapa de reclamos de derechos más concretos: salir con el grupo, andar en la calle hasta bien tarde en la noche, irse a una disco (tan pronto se reabran estas) o pasarse el fin de semana en casa de alguna amistad, en lo que hoy llaman “piyamadas”.
Si no es complacido, se rebela. Aduce que ya es grande, que sabe lo que hace y que estos tiempos son diferentes a los que vivieron sus padres. Reacción natural en la adolescencia para reafirmar su personalidad y sentirse hombre o mujer, sobre todo, dueño absoluto de su persona.
Lo más aconsejable es actuar forjando un clima de identificación entre padres e hijos, estrechando más los vínculos de afectividad y el siempre necesario diálogo. De hecho, hay que establecer un proceso de retroalimentación sin límites, con el fin de ganar su confianza y aplacar la rebeldía, que si no es combatida de la forma explicada, pudiera derivar en males mayores.
Como proceso evolutivo del desarrollo humano, la adolescencia es una etapa de cambios y de crisis. Durante la misma aparecen necesidades nunca antes sentidas con tanta intensidad por la muchacha o el muchacho, sobre todo la de autoafirmación. Para las y los adolescentes quizás lo más difícil resulte lo indefinido de su situación, pues a veces los tratamos como niños, otras les exigimos como si fueran adultos y ellos mismos se perciben un poco en “tierra de nadie, pues se sienten pertenecientes o excluidos a la vez del mundo infantil que van dejando atrás y del mundo adulto que les da la bienvenida. Y aunque necesitan aun mucho de nosotros, ya no somos su compañía favorita.
Sabemos de padres jóvenes que se ven impotentes de actuar con los hijos adolescentes y entonces apelan a los gritos, los golpes, los castigos y las actitudes intolerantes, olvidando que en un ayer no lejano, provocaron idénticos o mayores dolores de cabezas a sus propios progenitores. Este es un punto problemático cuando de padres y madres preocupados y responsables se trata, pues los despreocupados se las arreglan permitiéndoles hacer cuanto desea el o la adolescente. En otras palabras, se desatienden del hijo (a) y optan por darles mayor libertad, sin diferenciar entre una emancipación ajustada y conveniente y el libertinaje desenfrenado.
Lo primero es evitar las actitudes autoritarias y paternalistas, buscando la comunicación más cordial y segura con los ya no tan niñas y niños. Ir “soltándolos”, mientras se tiene en cuenta el grado de responsabilidad y madurez adquiridas por estos ante los estudios, la familia y su entorno comunitario.
De hecho, la autonomía que se le concede tiene que estar sujeta a determinadas limitaciones previstas por el núcleo familia, siempre haciéndoles ver que aún no son dueños totalmente de sus acciones porque la vida está compuesta de etapas y esta de la adolescencia es una de ellas.
Por delante, les queda terminar estudios e independizarse económicamente, pues esta condición tiene que guardar total equilibrio con sus deberes y responsabilidades para con ellos o ellas mismas, la familia y la sociedad en su conjunto. De ahí la importancia de establecer una comunicación constante con el o la adolescente, con el fin de ganar su confianza y estima
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(http://www.mujeres.co.cu/art.php?MTQ4OTE= )
Un hábito es una acción del individuo que, de forma voluntaria o involuntaria, llega a transformarse en un ejercicio automático o inconsciente, reflejo o no de ciertas situaciones.
Los buenos hábitos comienzan desde la cuna y se refieren a las necesidades primarias, como la alimentación, el aseo, la evacuación y el sueño. La formación de estos hábitos en la niñez temprana se logra mediante una adecuada organización de la conducta.
A medidas que estas rutinas se van interiorizando, se hacen más complejas y deberán satisfacer necesidades biológicas, psicológicas y sociales que garantizan el bienestar individual del niño y también sus relaciones con el medio. De hecho, se precisa la intervención de la familia para entronizarlos de manera paulatina y ascendente.
Para lograr la formación de buenos hábitos, lo primero es hacerle comprender al niño las reglas de higiene personal. Un conjunto de medidas sencillas que van desde el baño, lavado de los dientes, limpieza de las uñas y el pelo, así como de la ropa que viste. Y para que la higiene sea efectiva, todos los miembros de la familia deben practicarla.
Por supuesto, se precisa el papel del adulto en la adquisición que hacen los infantes de las costumbres favorables y efectivas: de las rutinas de vida, particularmente las del aseo personal A medida que esos hábitos se vayan interiorizando, se irán haciendo más complejos y deberán satisfacer necesidades biológicas, psicológicas y sociales.
Los infantes no disponen de tantas defensas físicas como los adultos, y con ellos han de extremarse los cuidados Nunca se repetirá bastante lo importante que es hacer comprender al niño las reglas básicas del aseo. Con ello no queremos decir que hay que colocarlo debajo de una campana de cristal, los extremos son malos, pero sí que sepa desde tempranamente que la toalla, el cepillo, la cuchara, el vaso y el peine son objetos de uso personal.
Pero los hábitos no se adquieren por espontaneidad. Resulta indispensable que los padres y demás familiares organicen su vida, de modo que le establezcan horarios y que ofrezcan ejemplos positivos, pues si ve a su alrededor alguna persona despreocupada por su apariencia personal y en la casa no hay orden ni limpieza, no es lógico pedirle a la niña o el niño que se muestre pulcro.
Si estas reglas no se cumplen cabalmente, los gérmenes nocivos penetran en la piel y proliferan con facilidad en el organismo, como ocurre ahora con el virus del SARS.CoV-2, obligándonos a un combate sin tregua en la que la responsabilidad y las medidas higiénicas sanitarias, con protagonismo para las manos, pasan a un primer plano.
No se puede menospreciar ninguna medida, pero las manos son una importante fuente de contagio a la COVID-19 o cualquier otra enfermedad si nos tocamos con ellas los ojos, la boca o la nariz o las pasamos por cualquier superficie, puertas, pasamanos, teléfonos, etc., Lavárselas constantemente es una práctica sana y conveniente siempre, máxime en estos tiempos de pandemia.
Por otra parte, las normas de higiene para la infancia son las mismas indicadas para la población adulta, aplicadas, acorde con la edad y el desarrollo funcional del niño. La regularidad de todos estos hábitos pautará la vida infantil, pues una vez establecidos no se olvidan. Para lograr la salud hay que aceptar que ésta es responsabilidad de cada quien y hay que preocuparse por ella desde la niñez.
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(http://www.mujeres.co.cu/art.php?MTQ4NDI= )
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