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| Cuando observamos a Próxima Centauri, la estrella más cercana, estamos viendo como era hace 4.2 años en el pasado. (Foto: skyandtelescope.org) |
La vastedad del cosmos desafía incluso a la velocidad de la luz. El ejemplo más inmediato es el brillo de la Luna, producto del reflejo del Sol: cada vez que la miramos, en realidad estamos viendo como era hace 1.2 segundos, debido a la enorme distancia (384 400 kilómetros en promedio) que nos separa de ella y el tiempo que le tomó a la luz recorrer el largo camino hasta la Tierra
¡Mirar al cielo es mirar al pasado! y no solo es frase poética, sino realidad científica, cada vez que se pone la vista en una estrella de la bóveda celeste, incluso en la Luna o algún planeta, no estamos viendo el presente, sino la luz que emitió hace minutos, horas e incluso años cuando se trata de las estrellas más distantes.
Explican los investigadores que la vastedad del cosmos desafía incluso a la velocidad de la luz. El ejemplo más inmediato es el brillo de la Luna, producto del reflejo del Sol: cada vez que la miramos, en realidad estamos viendo como era hace 1.2 segundos, debido a la enorme distancia (384 400 kilómetros en promedio) que nos separa de ella y el tiempo que le tomó a la luz recorrer el largo camino hasta la Tierra.
Este principio es más evidente conforme nos alejamos más y más de nuestro planeta: Sabemos que la luz del Sol que recibimos en este momento es la que emitió hace ocho minutos y 17 segundos y que por ejemplo, cuando observamos a Próxima Centauri, la estrella más cercana, estamos viendo como era hace 4.2 años en el pasado. Un ejemplo aún más dramático es el de la galaxia más cercana a la Tierra, Andrómeda, ubicada a 2.5 millones de años luz de nuestro planeta, al contemplarla en una noche despejada podemos ver cómo era exactamente hace 2.5 millones de años.
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( Bohemia )
Visto por:
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| Cuando observamos a Próxima Centauri, la estrella más cercana, estamos viendo como era hace 4.2 años en el pasado. (Foto: skyandtelescope.org) |
La vastedad del cosmos desafía incluso a la velocidad de la luz. El ejemplo más inmediato es el brillo de la Luna, producto del reflejo del Sol: cada vez que la miramos, en realidad estamos viendo como era hace 1.2 segundos, debido a la enorme distancia (384 400 kilómetros en promedio) que nos separa de ella y el tiempo que le tomó a la luz recorrer el largo camino hasta la Tierra
¡Mirar al cielo es mirar al pasado! y no solo es frase poética, sino realidad científica, cada vez que se pone la vista en una estrella de la bóveda celeste, incluso en la Luna o algún planeta, no estamos viendo el presente, sino la luz que emitió hace minutos, horas e incluso años cuando se trata de las estrellas más distantes.
Explican los investigadores que la vastedad del cosmos desafía incluso a la velocidad de la luz. El ejemplo más inmediato es el brillo de la Luna, producto del reflejo del Sol: cada vez que la miramos, en realidad estamos viendo como era hace 1.2 segundos, debido a la enorme distancia (384 400 kilómetros en promedio) que nos separa de ella y el tiempo que le tomó a la luz recorrer el largo camino hasta la Tierra.
Este principio es más evidente conforme nos alejamos más y más de nuestro planeta: Sabemos que la luz del Sol que recibimos en este momento es la que emitió hace ocho minutos y 17 segundos y que por ejemplo, cuando observamos a Próxima Centauri, la estrella más cercana, estamos viendo como era hace 4.2 años en el pasado. Un ejemplo aún más dramático es el de la galaxia más cercana a la Tierra, Andrómeda, ubicada a 2.5 millones de años luz de nuestro planeta, al contemplarla en una noche despejada podemos ver cómo era exactamente hace 2.5 millones de años.
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( Bohemia )
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La Bola no es cosa nueva, incluso puede adoptar otros nombres como la Flor o Telar de la Abundancia. Tampoco es la primera vez que se emplea un esquema similar en la Isla con el gancho de dar poco y recibir mucho.
La propuesta persigue resultar tentadora: «Vamos, mi gente, un juego donde todos ganan, inviertan 500 y ganen 4 000 pesos». Así profesa uno de los tantos enlaces de invitación de los mensajes en cadenas que, por estos días, inundan las redes sociales y promueven, a toda voz, lo que, afirman, es «un negocio redondo, a lo seguro»: La Bola, que ha engatusado a algunos ‘ingenuos’ en nuestro país.
Según explica el propio anuncio, deben participar 15 jugadores, ocho en el cuarto nivel, cuatro en el tercero, dos en el segundo y uno en el primero.
El objetivo es llenar todas las casillas del último nivel –que son los nuevos «inversores»–, para que La Bola se complete, y el jugador que se encuentra en la cima pueda obtener el dinero prometido: 4 000 pesos. Cuando este cobra sale del juego, La Bola se divide en dos más y las personas van escalando al siguiente nivel y, así, sucesivamente.

Ante la oferta de ganar dinero fácil (no fruto de un trabajo honrado), en la que supuestamente solo tienes que «invertir» un monto inicial e invitar a otros integrantes para que participen, no son pocos los cubanos que han entrado en este juego; incluso, algunos aseguran que sí, que han podido cobrar esas ganancias, y repiten la experiencia. En un principio, esto es cierto, pues siempre que la cantidad de implicados crezca, continua y exponencialmente va a estar entrando al juego el dinero de los nuevos miembros, el cual terminará en manos de aquella persona que está en la cima, el gran timador.
No hay generación de riquezas o esquema real de inversión, sencillamente se usa el dinero de muchos para pagar a unos pocos, por ende, aunque «ganes» estarías perjudicando a los demás.
Este sistema es insostenible, pues demanda un flujo constante que, a la corta o a la larga, termina rompiéndose.
La Bola no es cosa nueva, incluso puede adoptar otros nombres como la Flor o Telar de la Abundancia. Tampoco es la primera vez que se emplea un esquema similar en la Isla con el gancho de dar poco y recibir mucho. Seguramente, algunos lectores recordarán la oferta que meses atrás estuvo circulando por grupos de WhatsApp y Telegram: «¿Quieres ganar 10 cuc de saldo invirtiendo solo 1,50? Escríbeme al privado, magnífico juego y muy sencillo».
En ambos casos, se trata de una estafa –en mayúsculas–, que responde a un esquema Ponzi o piramidal y que, al tipificarse como estafa, constituye un delito en nuestro país.
Según la Ley No. 62, del Código Penal cubano, en el capítulo de las Defraudaciones, se define que aquella persona que, «con el propósito de obtener para sí o para otro una ventaja o un beneficio patrimonial ilegítimo, y empleando cualquier ardid o engaño que induzca a error a la víctima, determine a este a realizar o abstenerse de realizar un acto en detrimento de sus bienes o de los de un tercero, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas o ambas».
¿QUÉ ES EL ESQUEMA DE PONZI?
Según fuentes pasivas consultadas sobre el tema, este modelo es una operación fraudulenta basada en un esquema piramidal, en la cual las
ganancias que obtienen los primeros inversionistas son generadas por el dinero aportado por ellos mismos, o por los otros nuevos inversores, que caen enganchados por las promesas de obtener grandes beneficios.
En dicho sistema –que debe su nombre al italiano Carlo Ponzi, un estafador que en la década de 1920 utilizó esta lógica piramidal, con la que se hizo de millones de dólares–, para cobrar lo esperado es necesario conseguir más inversores, cosa que no siempre sucede. Funciona como una pirámide: quien está en la parte superior recibe el dinero entregado de quienes están en la base.
El gran problema ocurre cuando las personas que se integran al esquema no pueden conseguir otros aportantes y la pirámide se queda, obviamente, sin ganancias, y los «inversores» sin recuperar el dinero que confiaron al inicio. Resultaron estafados.
Otra forma de fallo en esta inescrupulosa práctica ocurre si, de repente, una buena parte de los inversionistas decide retirar su dinero. Entonces, sin fondos suficientes para efectuar las devoluciones, se descubre la estafa.
Reconocer este tipo de timo no resulta complicado. Con frecuencia, los altos porcentajes de intereses en estos casos suelen ser números atractivos, que difícilmente se encuentran en otro producto o negocio, donde se pueda invertir. Además, es común el desconocimiento del lugar hacia donde va dirigido el dinero que se aporta, o bien la supuesta empresa no aparece registrada en los espacios pertinentes.
De igual forma, los pagos de los intereses rara vez ocurren en persona, y los principales organizadores del fraude suelen presentar problemas o excusas cuando los participantes deciden retirar el dinero invertido.
En estos casos, lo común es apelar a un método de comunicación cercano y amistoso –como las redes sociales– para sumar aportantes a la cadena, mientras se vende la idea de que la persona que ingresa podrá ver, en poco tiempo, y de una manera sencilla, multiplicadas sus ganancias.
Uno de los casos más famosos de este tipo de engaño lo protagonizó el estadounidense Bernard Madoff, condenado en 2009 a 150 años de prisión por estafar más de 65 000 millones de dólares. Considerado hasta entonces como un as de los mercados, y uno de los mejores inversores de Wall Street, Madoff operaba realmente su firma de inversión bajo un esquema piramidal que venía sosteniendo desde la década de los 90.
Nuestro consejo es que, si a usted le hacen llegar una proposición similar, piénselo, una y cien veces más, antes de dejarse seducir por los cantos de sirena del dinero fácil y participar en este tipo de juegos o «inversiones», a partir del cual no solo puede ser timado, sino, además, cómplice de un delito.
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(Granma)
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La Bola no es cosa nueva, incluso puede adoptar otros nombres como la Flor o Telar de la Abundancia. Tampoco es la primera vez que se emplea un esquema similar en la Isla con el gancho de dar poco y recibir mucho.
La propuesta persigue resultar tentadora: «Vamos, mi gente, un juego donde todos ganan, inviertan 500 y ganen 4 000 pesos». Así profesa uno de los tantos enlaces de invitación de los mensajes en cadenas que, por estos días, inundan las redes sociales y promueven, a toda voz, lo que, afirman, es «un negocio redondo, a lo seguro»: La Bola, que ha engatusado a algunos ‘ingenuos’ en nuestro país.
Según explica el propio anuncio, deben participar 15 jugadores, ocho en el cuarto nivel, cuatro en el tercero, dos en el segundo y uno en el primero.
El objetivo es llenar todas las casillas del último nivel –que son los nuevos «inversores»–, para que La Bola se complete, y el jugador que se encuentra en la cima pueda obtener el dinero prometido: 4 000 pesos. Cuando este cobra sale del juego, La Bola se divide en dos más y las personas van escalando al siguiente nivel y, así, sucesivamente.

Ante la oferta de ganar dinero fácil (no fruto de un trabajo honrado), en la que supuestamente solo tienes que «invertir» un monto inicial e invitar a otros integrantes para que participen, no son pocos los cubanos que han entrado en este juego; incluso, algunos aseguran que sí, que han podido cobrar esas ganancias, y repiten la experiencia. En un principio, esto es cierto, pues siempre que la cantidad de implicados crezca, continua y exponencialmente va a estar entrando al juego el dinero de los nuevos miembros, el cual terminará en manos de aquella persona que está en la cima, el gran timador.
No hay generación de riquezas o esquema real de inversión, sencillamente se usa el dinero de muchos para pagar a unos pocos, por ende, aunque «ganes» estarías perjudicando a los demás.
Este sistema es insostenible, pues demanda un flujo constante que, a la corta o a la larga, termina rompiéndose.
La Bola no es cosa nueva, incluso puede adoptar otros nombres como la Flor o Telar de la Abundancia. Tampoco es la primera vez que se emplea un esquema similar en la Isla con el gancho de dar poco y recibir mucho. Seguramente, algunos lectores recordarán la oferta que meses atrás estuvo circulando por grupos de WhatsApp y Telegram: «¿Quieres ganar 10 cuc de saldo invirtiendo solo 1,50? Escríbeme al privado, magnífico juego y muy sencillo».
En ambos casos, se trata de una estafa –en mayúsculas–, que responde a un esquema Ponzi o piramidal y que, al tipificarse como estafa, constituye un delito en nuestro país.
Según la Ley No. 62, del Código Penal cubano, en el capítulo de las Defraudaciones, se define que aquella persona que, «con el propósito de obtener para sí o para otro una ventaja o un beneficio patrimonial ilegítimo, y empleando cualquier ardid o engaño que induzca a error a la víctima, determine a este a realizar o abstenerse de realizar un acto en detrimento de sus bienes o de los de un tercero, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas o ambas».
¿QUÉ ES EL ESQUEMA DE PONZI?
Según fuentes pasivas consultadas sobre el tema, este modelo es una operación fraudulenta basada en un esquema piramidal, en la cual las
ganancias que obtienen los primeros inversionistas son generadas por el dinero aportado por ellos mismos, o por los otros nuevos inversores, que caen enganchados por las promesas de obtener grandes beneficios.
En dicho sistema –que debe su nombre al italiano Carlo Ponzi, un estafador que en la década de 1920 utilizó esta lógica piramidal, con la que se hizo de millones de dólares–, para cobrar lo esperado es necesario conseguir más inversores, cosa que no siempre sucede. Funciona como una pirámide: quien está en la parte superior recibe el dinero entregado de quienes están en la base.
El gran problema ocurre cuando las personas que se integran al esquema no pueden conseguir otros aportantes y la pirámide se queda, obviamente, sin ganancias, y los «inversores» sin recuperar el dinero que confiaron al inicio. Resultaron estafados.
Otra forma de fallo en esta inescrupulosa práctica ocurre si, de repente, una buena parte de los inversionistas decide retirar su dinero. Entonces, sin fondos suficientes para efectuar las devoluciones, se descubre la estafa.
Reconocer este tipo de timo no resulta complicado. Con frecuencia, los altos porcentajes de intereses en estos casos suelen ser números atractivos, que difícilmente se encuentran en otro producto o negocio, donde se pueda invertir. Además, es común el desconocimiento del lugar hacia donde va dirigido el dinero que se aporta, o bien la supuesta empresa no aparece registrada en los espacios pertinentes.
De igual forma, los pagos de los intereses rara vez ocurren en persona, y los principales organizadores del fraude suelen presentar problemas o excusas cuando los participantes deciden retirar el dinero invertido.
En estos casos, lo común es apelar a un método de comunicación cercano y amistoso –como las redes sociales– para sumar aportantes a la cadena, mientras se vende la idea de que la persona que ingresa podrá ver, en poco tiempo, y de una manera sencilla, multiplicadas sus ganancias.
Uno de los casos más famosos de este tipo de engaño lo protagonizó el estadounidense Bernard Madoff, condenado en 2009 a 150 años de prisión por estafar más de 65 000 millones de dólares. Considerado hasta entonces como un as de los mercados, y uno de los mejores inversores de Wall Street, Madoff operaba realmente su firma de inversión bajo un esquema piramidal que venía sosteniendo desde la década de los 90.
Nuestro consejo es que, si a usted le hacen llegar una proposición similar, piénselo, una y cien veces más, antes de dejarse seducir por los cantos de sirena del dinero fácil y participar en este tipo de juegos o «inversiones», a partir del cual no solo puede ser timado, sino, además, cómplice de un delito.
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(Granma)
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La Tierra perderá para siempre en los primeros días de febrero su miniluna 2020 SO, que el pasado mes de noviembre comenzó a orbitar nuestro planeta, informa el portal EarthSky.
El pequeño objeto, de apenas entre seis y 14 metros de diámetro, fue descubierto en septiembre de 2020. Los expertos de la NASA calcularon que se desplazaba a 3.025 km/h, una velocidad demasiado baja para un asteroide.
El pasado 1 de diciembre alcanzó su punto más cercano a la Tierra, pasando a tan solo 50.000 kilómetros de nosotros, o el equivalente al 13 % de la distancia lunar. Entonces fue identificado como el cohete propulsor Centaur, lanzado hacia la Luna con la misión Surveyor 2 a mediados de los años 60 del siglo pasado.
La NASA descubre un exoplaneta de 10.000 millones de años, un 50 % más grande que la Tierra.
La NASA descubre un exoplaneta de 10.000 millones de años, un 50 % más grande que la Tierra
El próximo 2 de febrero la miniluna hará un último acercamiento a nuestro planeta, pasando en esta oportunidad a 220.000 kilómetros (el 58 % de la distancia entre la Tierra y la Luna).
Para el mes de marzo se alejará para siempre de su órbita terrestre y se convertirá en otro de los objetos que orbitan alrededor del Sol.
Y para darle una despedida, el proyecto del Telescopio Virtual en Roma mostrará en vivo el último acercamiento de 2020 SO a través de una transmisión que comenzará a las 22:00 GMT del 1 de febrero (16:00 en Ciudad de México, 17:00 en Bogotá, 18:00 en Caracas, 19:00 en Buenos Aires y 23:00 en Madrid).
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( Radio 26)
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La Tierra perderá para siempre en los primeros días de febrero su miniluna 2020 SO, que el pasado mes de noviembre comenzó a orbitar nuestro planeta, informa el portal EarthSky.
El pequeño objeto, de apenas entre seis y 14 metros de diámetro, fue descubierto en septiembre de 2020. Los expertos de la NASA calcularon que se desplazaba a 3.025 km/h, una velocidad demasiado baja para un asteroide.
El pasado 1 de diciembre alcanzó su punto más cercano a la Tierra, pasando a tan solo 50.000 kilómetros de nosotros, o el equivalente al 13 % de la distancia lunar. Entonces fue identificado como el cohete propulsor Centaur, lanzado hacia la Luna con la misión Surveyor 2 a mediados de los años 60 del siglo pasado.
La NASA descubre un exoplaneta de 10.000 millones de años, un 50 % más grande que la Tierra.
La NASA descubre un exoplaneta de 10.000 millones de años, un 50 % más grande que la Tierra
El próximo 2 de febrero la miniluna hará un último acercamiento a nuestro planeta, pasando en esta oportunidad a 220.000 kilómetros (el 58 % de la distancia entre la Tierra y la Luna).
Para el mes de marzo se alejará para siempre de su órbita terrestre y se convertirá en otro de los objetos que orbitan alrededor del Sol.
Y para darle una despedida, el proyecto del Telescopio Virtual en Roma mostrará en vivo el último acercamiento de 2020 SO a través de una transmisión que comenzará a las 22:00 GMT del 1 de febrero (16:00 en Ciudad de México, 17:00 en Bogotá, 18:00 en Caracas, 19:00 en Buenos Aires y 23:00 en Madrid).
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( Radio 26)
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El italiano Fabrizio Chiodo es profesor de Química en la Universidad de La Habana y encabeza la lista de colaboradores extranjeros que participan en el desarrollo de dos vacunas contra el COVID-19 del Instituto Finlay de Cuba: Soberana 01 y Soberana 02.
“La confianza del pueblo es un pilar fundamental de la respuesta cubana a la epidemia”, explicó Chiodo en una entrevista con Sputnik en la que evaluó por qué el escepticismo hacia las vacunas que reina en buena parte del mundo no hace mella en Cuba.
— ¿En qué estadio se encuentran las vacunas que desarrolla Cuba?
Cuba en estos momentos tiene cuatro vacunas candidatas en testeos clínicos, es decir, en fase de pruebas en voluntarios. Yo trabajo en dos candidatas del Instituto Finlay: Soberana 01 y Soberana 02.
La primera está finalizando una combinación de las fases uno y dos, mientras que la segunda está en segunda fase. En cambio, las otras dos candidatas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba están concluyendo la fase uno. Esto no debe preocuparnos porque pensamos concluir la fase tres de Soberana en marzo de 2021.
— En la fase tres, ¿cuántos voluntarios se emplearán?
Creemos que al menos 50 000 personas, pero es un número que todavía estamos discutiendo, ya que nos encontramos frente a un problema técnico porque en Cuba hay una bajísima incidencia de infecciones del SARS-CoV-2. Por lo tanto, una parte de las pruebas clínicas se llevará a cabo en el extranjero.
— ¿Cómo se realizarán las pruebas clínicas?
Exactamente como en los otros países, subdividiendo a los voluntarios en un grupo de control, a quienes se les suministrará un placebo, y otro grupo recibirá la vacuna. La diferencia es que en muchos países, los voluntarios reciben una compensación. En Cuba, se ofrecen espontáneamente porque hay una confianza generalizada en la medicina y la ciencia.
A concrete and nice recap all the Cuban COVID-19 related scientific successes...among them, the different subunit vaccine-candidates in clinical trial...Stay tuned, we are coming!!! Siempre mas @FinlayInstituto @BioCubaFarma https://t.co/YjP3ZqyBNE
— Fabrizio Chiodo (@FabrizioChiodo) January 7, 2021
— Cuba está bloqueada y esto provoca escasez de suministros y recursos. ¿Ha recibido la investigación cubana alguna ayuda o subvención de organizaciones humanitarias y filantrópicas internacionales?
La Fundación Bill y Melinda Gates ha destinado cientos de millones de euros para luchar contra el COVID-19, pero por el momento no se ha destinado ni un centavo a Cuba. La Fundación Gates tiene su sede en Estados Unidos y considera a Cuba un país terrorista, al igual que a los que colaboran con Cuba, como yo.
— Cuba tiene una bajísima incidencia de la infección y ha mostrado la eficacia de su respuesta a la epidemia de COVID-19. ¿Cuál es la clave del modelo cubano?
Salud totalmente pública, biotecnología totalmente pública y una grandísima confianza en este sistema. Un sistema supereficiciente para muchos con un rol clave de la medicina territorial. Si en Cuba le pides a un niño que describa a su familia, te hablará del papá, la mamá, los hermanitos y las hermanitas y del médico de la familia. Esto ha permitido un confinamiento con medidas de seguimiento casa por casa. Cuba, con 11 millones de habitantes, ha tenido poco más de 140 muertes por COVID-19.
Un ensayo de eficacia, depende del número de casos que aparezcan, como en Cuba tenemos la enfermedad bajo control, es difícil predecir en qué escenario aparecerán 50 a 100 casos. Se debe lograr un ensayo donde haya un riesgo constante de aparición de casos en control y vacunados. pic.twitter.com/nT2KtZRoFV
— Instituto Finlay (@FinlayInstituto) December 14, 2020
— Destacó la confianza del pueblo cubano en la medicina. Le hubiera preguntado si hay movimientos de escépticos hacia la ciencia y las vacunas en Cuba, como en muchos países, pero a estas alturas le pregunto ¿por qué hay confianza en Cuba y no en otros lugares?
En Italia, la ciencia aparece en televisión como algo masónico, como si la ciencia fuera solo para pocos. Esto ha llevado a una cascada de gente que duda. Duda porque no cree en la política y duda porque el modelo económico provoca deliberadamente esas dudas.
En Cuba, la ciencia está al servicio del pueblo. En la televisión hay programas de divulgación de alto nivel. Si a todo el pueblo se le permitiera entender el lenguaje científico con facilidad, si el científico saliera en la televisión, como sucede en Cuba, explicando cómo funcionan las vacunas de manera popular, no habría escepticismo ni desconfianza.
— Desde Sicilia han solicitado una brigada de médicos cubanos que ya ha operado en Bérgamo y Cremona. ¿Por qué Cuba echa una mano?
Fidel Castro encomendó una misión a la nueva generación de médicos cubanos resumida en el concepto clave “médicos, no bombas”: Cuba debe ser un país exportador de solidaridad, no de guerra.
La intervención de los médicos cubanos en Italia no es nada extraño, surge de este principio. Las brigadas Henry Reeve de médicos y enfermeras cubanos han operado en casi 40 países diferentes, incluida Italia, como lo hicieron durante la epidemia de ébola en África o el huracán Katrina en Estados Unidos.
— ¿Qué se puede aprender del sistema cubano?
Hemos visto que un sistema de salud privatizado no resiste el estrés de una pandemia, conduce a decisiones éticas muy difíciles y a injusticias. Lo que se puede aprender del modelo cubano es que la salud debe ser pública.
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| Brigada médica cubano que partió a combatir la COVID-19 en Italia. Foto: AFP. |
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(Tomado de Sputnik)
El italiano Fabrizio Chiodo es profesor de Química en la Universidad de La Habana y encabeza la lista de colaboradores extranjeros que participan en el desarrollo de dos vacunas contra el COVID-19 del Instituto Finlay de Cuba: Soberana 01 y Soberana 02.
“La confianza del pueblo es un pilar fundamental de la respuesta cubana a la epidemia”, explicó Chiodo en una entrevista con Sputnik en la que evaluó por qué el escepticismo hacia las vacunas que reina en buena parte del mundo no hace mella en Cuba.
— ¿En qué estadio se encuentran las vacunas que desarrolla Cuba?
Cuba en estos momentos tiene cuatro vacunas candidatas en testeos clínicos, es decir, en fase de pruebas en voluntarios. Yo trabajo en dos candidatas del Instituto Finlay: Soberana 01 y Soberana 02.
La primera está finalizando una combinación de las fases uno y dos, mientras que la segunda está en segunda fase. En cambio, las otras dos candidatas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba están concluyendo la fase uno. Esto no debe preocuparnos porque pensamos concluir la fase tres de Soberana en marzo de 2021.
— En la fase tres, ¿cuántos voluntarios se emplearán?
Creemos que al menos 50 000 personas, pero es un número que todavía estamos discutiendo, ya que nos encontramos frente a un problema técnico porque en Cuba hay una bajísima incidencia de infecciones del SARS-CoV-2. Por lo tanto, una parte de las pruebas clínicas se llevará a cabo en el extranjero.
— ¿Cómo se realizarán las pruebas clínicas?
Exactamente como en los otros países, subdividiendo a los voluntarios en un grupo de control, a quienes se les suministrará un placebo, y otro grupo recibirá la vacuna. La diferencia es que en muchos países, los voluntarios reciben una compensación. En Cuba, se ofrecen espontáneamente porque hay una confianza generalizada en la medicina y la ciencia.
A concrete and nice recap all the Cuban COVID-19 related scientific successes...among them, the different subunit vaccine-candidates in clinical trial...Stay tuned, we are coming!!! Siempre mas @FinlayInstituto @BioCubaFarma https://t.co/YjP3ZqyBNE
— Fabrizio Chiodo (@FabrizioChiodo) January 7, 2021
— Cuba está bloqueada y esto provoca escasez de suministros y recursos. ¿Ha recibido la investigación cubana alguna ayuda o subvención de organizaciones humanitarias y filantrópicas internacionales?
La Fundación Bill y Melinda Gates ha destinado cientos de millones de euros para luchar contra el COVID-19, pero por el momento no se ha destinado ni un centavo a Cuba. La Fundación Gates tiene su sede en Estados Unidos y considera a Cuba un país terrorista, al igual que a los que colaboran con Cuba, como yo.
— Cuba tiene una bajísima incidencia de la infección y ha mostrado la eficacia de su respuesta a la epidemia de COVID-19. ¿Cuál es la clave del modelo cubano?
Salud totalmente pública, biotecnología totalmente pública y una grandísima confianza en este sistema. Un sistema supereficiciente para muchos con un rol clave de la medicina territorial. Si en Cuba le pides a un niño que describa a su familia, te hablará del papá, la mamá, los hermanitos y las hermanitas y del médico de la familia. Esto ha permitido un confinamiento con medidas de seguimiento casa por casa. Cuba, con 11 millones de habitantes, ha tenido poco más de 140 muertes por COVID-19.
Un ensayo de eficacia, depende del número de casos que aparezcan, como en Cuba tenemos la enfermedad bajo control, es difícil predecir en qué escenario aparecerán 50 a 100 casos. Se debe lograr un ensayo donde haya un riesgo constante de aparición de casos en control y vacunados. pic.twitter.com/nT2KtZRoFV
— Instituto Finlay (@FinlayInstituto) December 14, 2020
— Destacó la confianza del pueblo cubano en la medicina. Le hubiera preguntado si hay movimientos de escépticos hacia la ciencia y las vacunas en Cuba, como en muchos países, pero a estas alturas le pregunto ¿por qué hay confianza en Cuba y no en otros lugares?
En Italia, la ciencia aparece en televisión como algo masónico, como si la ciencia fuera solo para pocos. Esto ha llevado a una cascada de gente que duda. Duda porque no cree en la política y duda porque el modelo económico provoca deliberadamente esas dudas.
En Cuba, la ciencia está al servicio del pueblo. En la televisión hay programas de divulgación de alto nivel. Si a todo el pueblo se le permitiera entender el lenguaje científico con facilidad, si el científico saliera en la televisión, como sucede en Cuba, explicando cómo funcionan las vacunas de manera popular, no habría escepticismo ni desconfianza.
— Desde Sicilia han solicitado una brigada de médicos cubanos que ya ha operado en Bérgamo y Cremona. ¿Por qué Cuba echa una mano?
Fidel Castro encomendó una misión a la nueva generación de médicos cubanos resumida en el concepto clave “médicos, no bombas”: Cuba debe ser un país exportador de solidaridad, no de guerra.
La intervención de los médicos cubanos en Italia no es nada extraño, surge de este principio. Las brigadas Henry Reeve de médicos y enfermeras cubanos han operado en casi 40 países diferentes, incluida Italia, como lo hicieron durante la epidemia de ébola en África o el huracán Katrina en Estados Unidos.
— ¿Qué se puede aprender del sistema cubano?
Hemos visto que un sistema de salud privatizado no resiste el estrés de una pandemia, conduce a decisiones éticas muy difíciles y a injusticias. Lo que se puede aprender del modelo cubano es que la salud debe ser pública.
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| Brigada médica cubano que partió a combatir la COVID-19 en Italia. Foto: AFP. |
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(Tomado de Sputnik)
Diseño: Ary Vincench
Cuba ha priorizado a lo largo de su historia reciente el desarrollo de su sistema médico y de su industria biofarmacéutica, con resultados reconocidos a nivel internacional. A pesar de la actual crisis económica, que también afecta a sus científicos, la isla vuelve a apostar sus escasos recursos en ese frente, con la promesa de compartir sus resultados.
El Instituto Finlay de Vacunas, en Cuba, anunció el comienzo de la segunda fase de pruebas para Soberana 02, una de las vacunas que prepara contra el COVID-19. Soberana 01, la otra propuesta en la que trabajan los investigadores del Finlay, puede pasar a la etapa de estudios avanzados en enero. Al oeste de La Habana, en otra de las instituciones del polo científico que 40 años atrás fundó Fidel Castro, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, se llevan adelante los proyectos de Abdala y Mambisa, que, junto con los del Instituto Finlay, pretenden asegurar para la isla una vacuna propia contra el nuevo coronavirus.
“Nuestro objetivo es no depender de las grandes farmacéuticas”, acotó recientemente el vice primer ministro y exministro de Salud Pública Roberto Morales, al saludar los avances de los estudios, certificados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En la misma cuerda, la directora de Investigaciones del Instituto Finlay, Dagmar García, resaltó que esos esfuerzos, “para los que trabajamos sin descanso desde hace meses”, tienen por meta que “nuestro pueblo no sufra las limitaciones de acceso a las vacunas que se verán en el mundo durante 2021”.
Autarquía necesaria
Lo que en cualquier otro sitio pudiera considerarse paranoia, en Cuba no es más que sentido común. Sin ir muy lejos, en el comienzo de la pandemia, la isla consiguió aplanar la primera ola de contagios, echando mano a sus reservas de medicinas y a las materias primas genéricas que había acopiado para mantener funcionando su industria biofarmacéutica. En cuestión de días, las líneas de producción fueron reconvertidas para elaborar una veintena de los cerca de 30 medicamentos que la experiencia asiática recomendaba como fundamentales para combatir la infección. De no haber existido esa posibilidad, cientos o tal vez miles de personas hubieran muerto además de las 137 que fallecieron a causa de la enfermedad desde el inicio de la pandemia.
A la escasez de insumos que por entonces enfrentaron la mayoría de los gobiernos, el de Cuba debió sumar la persecución reforzada de la administración de Donald Trump, incluso contra donaciones enviadas desde terceros países. El caso más mediático fue el del multimillonario chino Jack Ma, propietario de la compañía Alibaba, quien a finales de marzo pretendió hacer llegar a la isla un cargamento de mascarillas y pruebas PCR, como parte de un programa de asistencia coordinado por la OMS, que ya había beneficiado a Estados Unidos y a varios Estados miembros de la Unión Europea. Ninguna aerolínea se atrevió a transportar aquella carga hasta La Habana, luego de que funcionarios de la Casa Blanca iniciaran una campaña de amenazas que, en las semanas siguientes, se extendió a empresas proveedoras de equipamiento sanitario y materias primas.
Para el 19 de agosto, cuando el Instituto Finlay notificó a la OMS sobre el comienzo de los ensayos clínicos de Soberana 01, ya la industria electromédica local trabajaba en la fabricación de dos modelos de respiradores artificiales con los que renovar la envejecida planta tecnológica de muchos hospitales de provincia. Lo hacía, además, con la urgencia de reemplazar a proveedores históricos, como las suizas IMT Medical y Acutronic Medical Systems, que, en el momento más grave de la pandemia y tras ser compradas por Vyaire Medical Inc., una empresa estadounidense, habían recibido la orden de suspender toda relación comercial con Medicuba, la corporación estatal cubana encargada de importar equipamientos médicos.
Es una guerra en muchos frentes, explicó ante la Asamblea Nacional, a mediados de este mes, Eduardo Martínez, presidente de Biocubafarma, el holding corporativo que agrupa a la industria científica cubana. “Al principio, se concentraban en cortarnos las cadenas de proveedores y en entorpecer los intercambios con investigadores de otros países, ni siquiera de Estados Unidos. En los últimos meses, también han apostado por impedir que podamos pagar las importaciones que necesitamos, con amenazas a los bancos y otras acciones por el estilo. Incluso los cuatro proyectos de vacunas se han visto afectados por esa persecución”.
Máxima prioridad
A mediados de los años sesenta del siglo pasado, el Instituto Finlay abrió sus puertas bajo la premisa de defender un modelo de ciencia contrapuesto al de Estados Unidos; incluso desde su nombre. Carlos J. Finlay fue un prestigioso médico cubano de la segunda mitad del siglo XIX que por décadas luchó contra la fiebre amarilla y otras enfermedades tropicales que diezmaban a la población del Caribe. Luego de una vida de investigaciones, logró determinar la importancia de vectores como el mosquito Aedes aegypti y plantear el modelo de control epidemiológico en la materia que todavía se aplica en el mundo.
La contracara de Finlay fue el estadounidense Walter Reed, un médico militar llegado a Cuba durante la llamada Primera Intervención (1899), que continuó los estudios del cubano, pero terminó llevándose el crédito por sus descubrimientos. Hoy, su nombre es el del hospital militar central de los Estados Unidos, precisamente donde Donald Trump fue internado para recibir tratamiento por su supuesto contagio de COVID-19.
La quijotesca pretensión de Fidel Castro al fundar el Instituto Finlay sigue siendo la del discurso oficial cubano, a pesar de la difícil situación económica por la que atraviesa la isla, a la que no escapan siquiera sus científicos. En 2018, una serie de la televisión nacional que insistió en mostrarlos como personas de carne y hueso suscitó impresiones encontradas. Pero Adrián, un bioquímico, asegura a Brecha que la mayoría de aquellas historias eran ciertas.
“Yo soy de una provincia, y, para poder quedarme a trabajar en la capital, tuve que pasar años viviendo en alquileres pagados con los quesos que traía para revender en La Habana. Hasta que a mi esposa y a mí nos dieron un apartamento, no pudimos pensar en tener hijos, y con los salarios tenemos que hacer los mismos malabares que todo el mundo. Pero como mismo te digo eso, también te aseguro que en mi laboratorio la gente está dejándose la vida para que la vacuna salga, sin pensar en beneficios materiales”.
Una vez por semana, el presidente Miguel Díaz-Canel suele reunirse con líderes de la comunidad científica o visitar la zona oeste de la capital, jalonada por centros biofarmacéuticos. Una fuente cercana al Palacio de la Revolución reveló a este reportero que las solicitudes que llegan de esos centros tienen prioridad a la hora de repartir los pocos recursos de que dispone el Estado. “Queremos y pensamos que podremos contar con nuestra propia vacuna antes de que termine el primer semestre de 2021”, anticipó el vice primer ministro Morales en un recorrido reciente por policlínicas de la ciudad de La Habana.
“Y deberá ser asequible para todos los países que la necesiten y distribuida a través de mecanismos de cooperación como el que pretendemos establecer con la Organización Panamericana de la Salud”, señaló Díaz-Canel durante su participación en la cumbre de la Unión Económica Euroasiática, a la que Cuba ingresó en calidad de observadora a mediados de este mes. Idealismo irresponsable ante la circunstancia de su país acosado por la escasez o espíritu solidario a toda prueba, la interpretación de tal postura queda a cargo de quien la analice. Lo cierto es que, desde la impensable estatura de su subdesarrollo, la isla pugna –codo a codo con las grandes potencias– en la batalla científica contra el coronavirus.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel junto al director del Instituto Finlay de Vacunas. Foto: Estudios Revolución
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(Tomado de Brecha)
Diseño: Ary Vincench
Cuba ha priorizado a lo largo de su historia reciente el desarrollo de su sistema médico y de su industria biofarmacéutica, con resultados reconocidos a nivel internacional. A pesar de la actual crisis económica, que también afecta a sus científicos, la isla vuelve a apostar sus escasos recursos en ese frente, con la promesa de compartir sus resultados.
El Instituto Finlay de Vacunas, en Cuba, anunció el comienzo de la segunda fase de pruebas para Soberana 02, una de las vacunas que prepara contra el COVID-19. Soberana 01, la otra propuesta en la que trabajan los investigadores del Finlay, puede pasar a la etapa de estudios avanzados en enero. Al oeste de La Habana, en otra de las instituciones del polo científico que 40 años atrás fundó Fidel Castro, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, se llevan adelante los proyectos de Abdala y Mambisa, que, junto con los del Instituto Finlay, pretenden asegurar para la isla una vacuna propia contra el nuevo coronavirus.
“Nuestro objetivo es no depender de las grandes farmacéuticas”, acotó recientemente el vice primer ministro y exministro de Salud Pública Roberto Morales, al saludar los avances de los estudios, certificados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En la misma cuerda, la directora de Investigaciones del Instituto Finlay, Dagmar García, resaltó que esos esfuerzos, “para los que trabajamos sin descanso desde hace meses”, tienen por meta que “nuestro pueblo no sufra las limitaciones de acceso a las vacunas que se verán en el mundo durante 2021”.
Autarquía necesaria
Lo que en cualquier otro sitio pudiera considerarse paranoia, en Cuba no es más que sentido común. Sin ir muy lejos, en el comienzo de la pandemia, la isla consiguió aplanar la primera ola de contagios, echando mano a sus reservas de medicinas y a las materias primas genéricas que había acopiado para mantener funcionando su industria biofarmacéutica. En cuestión de días, las líneas de producción fueron reconvertidas para elaborar una veintena de los cerca de 30 medicamentos que la experiencia asiática recomendaba como fundamentales para combatir la infección. De no haber existido esa posibilidad, cientos o tal vez miles de personas hubieran muerto además de las 137 que fallecieron a causa de la enfermedad desde el inicio de la pandemia.
A la escasez de insumos que por entonces enfrentaron la mayoría de los gobiernos, el de Cuba debió sumar la persecución reforzada de la administración de Donald Trump, incluso contra donaciones enviadas desde terceros países. El caso más mediático fue el del multimillonario chino Jack Ma, propietario de la compañía Alibaba, quien a finales de marzo pretendió hacer llegar a la isla un cargamento de mascarillas y pruebas PCR, como parte de un programa de asistencia coordinado por la OMS, que ya había beneficiado a Estados Unidos y a varios Estados miembros de la Unión Europea. Ninguna aerolínea se atrevió a transportar aquella carga hasta La Habana, luego de que funcionarios de la Casa Blanca iniciaran una campaña de amenazas que, en las semanas siguientes, se extendió a empresas proveedoras de equipamiento sanitario y materias primas.
Para el 19 de agosto, cuando el Instituto Finlay notificó a la OMS sobre el comienzo de los ensayos clínicos de Soberana 01, ya la industria electromédica local trabajaba en la fabricación de dos modelos de respiradores artificiales con los que renovar la envejecida planta tecnológica de muchos hospitales de provincia. Lo hacía, además, con la urgencia de reemplazar a proveedores históricos, como las suizas IMT Medical y Acutronic Medical Systems, que, en el momento más grave de la pandemia y tras ser compradas por Vyaire Medical Inc., una empresa estadounidense, habían recibido la orden de suspender toda relación comercial con Medicuba, la corporación estatal cubana encargada de importar equipamientos médicos.
Es una guerra en muchos frentes, explicó ante la Asamblea Nacional, a mediados de este mes, Eduardo Martínez, presidente de Biocubafarma, el holding corporativo que agrupa a la industria científica cubana. “Al principio, se concentraban en cortarnos las cadenas de proveedores y en entorpecer los intercambios con investigadores de otros países, ni siquiera de Estados Unidos. En los últimos meses, también han apostado por impedir que podamos pagar las importaciones que necesitamos, con amenazas a los bancos y otras acciones por el estilo. Incluso los cuatro proyectos de vacunas se han visto afectados por esa persecución”.
Máxima prioridad
A mediados de los años sesenta del siglo pasado, el Instituto Finlay abrió sus puertas bajo la premisa de defender un modelo de ciencia contrapuesto al de Estados Unidos; incluso desde su nombre. Carlos J. Finlay fue un prestigioso médico cubano de la segunda mitad del siglo XIX que por décadas luchó contra la fiebre amarilla y otras enfermedades tropicales que diezmaban a la población del Caribe. Luego de una vida de investigaciones, logró determinar la importancia de vectores como el mosquito Aedes aegypti y plantear el modelo de control epidemiológico en la materia que todavía se aplica en el mundo.
La contracara de Finlay fue el estadounidense Walter Reed, un médico militar llegado a Cuba durante la llamada Primera Intervención (1899), que continuó los estudios del cubano, pero terminó llevándose el crédito por sus descubrimientos. Hoy, su nombre es el del hospital militar central de los Estados Unidos, precisamente donde Donald Trump fue internado para recibir tratamiento por su supuesto contagio de COVID-19.
La quijotesca pretensión de Fidel Castro al fundar el Instituto Finlay sigue siendo la del discurso oficial cubano, a pesar de la difícil situación económica por la que atraviesa la isla, a la que no escapan siquiera sus científicos. En 2018, una serie de la televisión nacional que insistió en mostrarlos como personas de carne y hueso suscitó impresiones encontradas. Pero Adrián, un bioquímico, asegura a Brecha que la mayoría de aquellas historias eran ciertas.
“Yo soy de una provincia, y, para poder quedarme a trabajar en la capital, tuve que pasar años viviendo en alquileres pagados con los quesos que traía para revender en La Habana. Hasta que a mi esposa y a mí nos dieron un apartamento, no pudimos pensar en tener hijos, y con los salarios tenemos que hacer los mismos malabares que todo el mundo. Pero como mismo te digo eso, también te aseguro que en mi laboratorio la gente está dejándose la vida para que la vacuna salga, sin pensar en beneficios materiales”.
Una vez por semana, el presidente Miguel Díaz-Canel suele reunirse con líderes de la comunidad científica o visitar la zona oeste de la capital, jalonada por centros biofarmacéuticos. Una fuente cercana al Palacio de la Revolución reveló a este reportero que las solicitudes que llegan de esos centros tienen prioridad a la hora de repartir los pocos recursos de que dispone el Estado. “Queremos y pensamos que podremos contar con nuestra propia vacuna antes de que termine el primer semestre de 2021”, anticipó el vice primer ministro Morales en un recorrido reciente por policlínicas de la ciudad de La Habana.
“Y deberá ser asequible para todos los países que la necesiten y distribuida a través de mecanismos de cooperación como el que pretendemos establecer con la Organización Panamericana de la Salud”, señaló Díaz-Canel durante su participación en la cumbre de la Unión Económica Euroasiática, a la que Cuba ingresó en calidad de observadora a mediados de este mes. Idealismo irresponsable ante la circunstancia de su país acosado por la escasez o espíritu solidario a toda prueba, la interpretación de tal postura queda a cargo de quien la analice. Lo cierto es que, desde la impensable estatura de su subdesarrollo, la isla pugna –codo a codo con las grandes potencias– en la batalla científica contra el coronavirus.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel junto al director del Instituto Finlay de Vacunas. Foto: Estudios Revolución
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(Tomado de Brecha)
La seguridad de la información es un tema muy importante en el ámbito de la comunicación. Es por ello que cada 30 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Seguridad de la Información.
La efeméride fue establecida en 1988, como consecuencia del primer caso de malware de propagación en red que se registró en el mundo, conocido bajo el nombre de "Gusanos de Morris", el cual afecto al 10% de las máquinas conectadas al Internet de aquel entonces, que era Aparnet.
A raíz de esta situación la Association for Computing Machinery (ACM), decretó que cada 30 de noviembre se recordaría a todas las personas la obligación y necesidad que tienen de proteger sus datos de cualquier tipo de acción corrupta que puede ocurrir en el plano digital.
Actualmente, la mayoría de la información sensible de las empresas se encuentra en Internet, más específicamente en las diferentes nubes. Los trabajadores son los primeros responsables de asegurar estos datos y no compartirlos por ningún otro medio que pueda poner en riesgo la información.
Con el propósito de sumarnos a la celebración, compartimos algunos consejos básicos que todo usuario de Internet debería tener en cuenta:
Gestiona bien tus contraseñas: No solo se trata de poner una contraseña difícil en cuanto a longitud, sino también que no guarde tanta relación contigo, o por lo menos, no una relación tan obvia como el nombre de tu perro o tu fecha de nacimiento, así como evitar palabras que aparezcan en el diccionario. Lo segundo, es intentar variar la contraseña en los diferentes portales; si quieres puedes tener 5 principales, pero no se recomienda tener una sola para todo.
Actualiza siempre el software: A todos nos parece tedioso que cada tanto el ordenador o nuestro sitio web, diga que tenemos que actualizar algún programa o plugin, pero normalmente estas actualizaciones buscan crear parches en brechas que ha dejado libre la versión anterior y que pone en riesgo nuestros datos.
No descargues todo de cualquier sitio: Una mala costumbre que tenemos los cibernautas, es que nos encanta lo gratuito y por eso sin pensarlo mucho le damos a descargar. Igual con los correos electrónicos que tienen un archivo adjunto que parece interesante. Primero asegúrate que el sitio web o remitente es seguro y luego descarga el contenido.
El teléfono móvil también es un ordenador: Debes gestionar tu móvil, tal como lo haces con tu PC. Es decir, descárgale un antivirus y cuida los sitios a los que entras con él.
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(FUENTE: Informática Médica, Infomed 30 Noviembre 2019)
La seguridad de la información es un tema muy importante en el ámbito de la comunicación. Es por ello que cada 30 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Seguridad de la Información.
La efeméride fue establecida en 1988, como consecuencia del primer caso de malware de propagación en red que se registró en el mundo, conocido bajo el nombre de "Gusanos de Morris", el cual afecto al 10% de las máquinas conectadas al Internet de aquel entonces, que era Aparnet.
A raíz de esta situación la Association for Computing Machinery (ACM), decretó que cada 30 de noviembre se recordaría a todas las personas la obligación y necesidad que tienen de proteger sus datos de cualquier tipo de acción corrupta que puede ocurrir en el plano digital.
Actualmente, la mayoría de la información sensible de las empresas se encuentra en Internet, más específicamente en las diferentes nubes. Los trabajadores son los primeros responsables de asegurar estos datos y no compartirlos por ningún otro medio que pueda poner en riesgo la información.
Con el propósito de sumarnos a la celebración, compartimos algunos consejos básicos que todo usuario de Internet debería tener en cuenta:
Gestiona bien tus contraseñas: No solo se trata de poner una contraseña difícil en cuanto a longitud, sino también que no guarde tanta relación contigo, o por lo menos, no una relación tan obvia como el nombre de tu perro o tu fecha de nacimiento, así como evitar palabras que aparezcan en el diccionario. Lo segundo, es intentar variar la contraseña en los diferentes portales; si quieres puedes tener 5 principales, pero no se recomienda tener una sola para todo.
Actualiza siempre el software: A todos nos parece tedioso que cada tanto el ordenador o nuestro sitio web, diga que tenemos que actualizar algún programa o plugin, pero normalmente estas actualizaciones buscan crear parches en brechas que ha dejado libre la versión anterior y que pone en riesgo nuestros datos.
No descargues todo de cualquier sitio: Una mala costumbre que tenemos los cibernautas, es que nos encanta lo gratuito y por eso sin pensarlo mucho le damos a descargar. Igual con los correos electrónicos que tienen un archivo adjunto que parece interesante. Primero asegúrate que el sitio web o remitente es seguro y luego descarga el contenido.
El teléfono móvil también es un ordenador: Debes gestionar tu móvil, tal como lo haces con tu PC. Es decir, descárgale un antivirus y cuida los sitios a los que entras con él.
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(FUENTE: Informática Médica, Infomed 30 Noviembre 2019)
Surge una nueva alerta de lo vulnerable que puede ser ahora mismo la red de redes gracias a que muchos fabricantes de equipos inteligentes no han tomado en cuenta cuestiones básicas de seguridad
Martin Hron quería desmitificar una creencia: que la amenaza para los dispositivos de Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés), no es solo acceder a ellos a través de un enrutador o la exposición a la red de redes, sino que un dispositivo de IoT en sí es vulnerable y se puede hackear fácilmente sin tener acceso a la red o el enrutador al cual esté conectado.
Hron, que es un analista de la empresa Avast, documentó su experimento en una larga entrada que publicó en su blog, Decoded, y probó que no solo es posible interferir con el funcionamiento de un electrodoméstico «inteligente», sino que lo pudo convertir en una peligrosa arma.
Su experimento es una nueva alerta de lo vulnerable que puede ser ahora mismo la red de redes gracias a que muchos fabricantes de equipos inteligentes conectados no han tomado en cuenta cuestiones básicas de seguridad, como la encriptación.
Adiós a la vieja escuela
Durante generaciones hemos confiado en nuestros electrodomésticos, ya sea una cocina, una cafetera o un refrigerador. La confianza es tal que nos hemos alegrado con los avances suscitados en la última década, especialmente con lo relativo al Internet de las Cosas, el cual ha traído una serie de equipos inteligentes capaces de ser operados a distancia, conectados entre sí y a la red de redes.
Hasta hoy, alterar un dispositivo analógico requiere, cuando menos, de una acción física sobre él. Pero este ya no es el caso con los electrodomésticos inteligentes. Hron logró cambiar por completo el funcionamiento de una cafetera de la marca Smarter, la cual se volvió «loca» y encendió el calentador, dispensó agua, echó a andar el molinillo de granos y mostró un mensaje de rescate al mejor estilo de ransomware. La única forma de detener dicho caos fue desenchufando el equipo de la corriente.
«Mis colegas a menudo me escuchan decir que “el firmware es el nuevo software”, explica Hron en su blog. Y ese software a menudo tiene fallas. Lo vemos en todas partes. Defectos de CPU y chips criptográficos que generan claves débiles que pueden romperse fácilmente. La débil seguridad de IoT se debe en gran parte al hecho de que, hoy en día, es más económico colocar un procesador dentro de un dispositivo para que controle todas las partes de hardware con un programa corto llamado firmware. Esta solución no solo es barata, sino que tiene una propiedad importante: se puede actualizar.
«En el pasado, si existía un defecto de diseño en una pieza de hardware, el diseño rígido (a menudo cableado) significaba que el proveedor tendría que remplazar todo el componente o la placa lógica, o incluso remplazar todo el dispositivo. Los fabricantes de entonces tenían que cambiar el proceso de fabricación y potencialmente sufrir grandes pérdidas económicas. En la era del firmware, esto se puede mitigar fácilmente con solo emitir una actualización», abunda el experto.
Sin embargo, estos firmwares muchas veces son tan débiles en cuanto a seguridad, que es posible hacerles ingeniería inversa y convertirlos en programas malignos sin que el usuario se entere.
Un poquito de esfuerzo
Cuando Hron conectó por primera vez su cafetera Smarter, descubrió que inmediatamente actuaba como un punto de acceso wifi que usaba una conexión no segura para comunicarse con una aplicación para teléfono inteligente. La aplicación, a su vez, se utiliza para configurar el dispositivo y, si el usuario lo elige, conectarlo a una red wifi doméstica.
Sin cifrado, el investigador no tuvo problemas para aprender cómo el teléfono controlaba la cafetera y, dado que tampoco había autenticación, cómo una aplicación de teléfono no autorizada podía hacer lo mismo. No obstante, en este punto Hron tenía solo un pequeño menú de comandos, ninguno de ellos especialmente dañino.
Entonces examinó el mecanismo que usa la cafetera para recibir actualizaciones de firmware. Resultó que estas se reciben desde el teléfono, sin cifrado, sin autenticación y sin firma de código. Estas flagrantes omisiones crearon la oportunidad que necesitaba Hron.
Dado que la última versión del firmware estaba almacenada dentro de la aplicación de Android, podía instalarla en una computadora y realizar ingeniería inversa con IDA, un programa analizador de software, depurador y desensamblador. Casi de inmediato, encontró cadenas de código legibles por humanos. «A partir de esto, podríamos deducir que no hay cifrado, y el firmware es probablemente una imagen de “texto sin formato” que se carga directamente en la memoria flash de la cafetera», escribió en su blog.
El proceso de actualización del firmware puede variar mucho, desde la conexión al dispositivo mediante una herramienta especial (que aún requiere la interacción física del proveedor) hasta la forma cada vez más popular de actualizaciones OTA (siglas en inglés de por el aire). En este caso, no es necesario que un proveedor esté físicamente presente y todo el proceso se realiza de forma automática a través de internet, o semiautomáticamente después de la notificación y aprobación de la actualización por parte del usuario.
Con un poco de búsquedas por internet y sus conocimientos como especialista, Hron fue capaz de hacer ingeniería inversa y hackear la cafetera.
Un ejército de vulnerabilidades
La larga vida de los electrodomésticos es un problema enorme para el Internet de las Cosas. Esos dispositivos, que duran muchos años en casa y ya forman parte de estos sistemas conectados, al dejar tantos hoyos de seguridad, son pasto para los ciberdelincuentes.
«Es cierto que puedes usarlos incluso si no reciben más actualizaciones, pero con el ritmo de la explosión de la IoT y la mala actitud con relación al soporte, estamos creando un ejército de dispositivos vulnerables y abandonados que pueden ser mal utilizados para fines nefastos, como violaciones de la red, fugas de datos, ataques de rescate y DDoS», advierte Hron.
En el caso del dispositivo de Smarter el problema viene de larga data. En 2015 se reportaron grietas en sus teteras inteligentes, luego de que uno de los productos de la compañía fuera hackeado por la firma de seguridad Pen Test Partners.
Tras publicarse la investigación ahora, Smarter declaró que trabajan de forma incesante para evitar estos problemas, lo cual es cierto, puesto que sus últimos modelos no tienen las brechas de seguridad encontradas por Hron.
Sin embargo, que los fabricantes de equipos conectados dejen de dar soporte luego de un tiempo, hace que la cantidad de electrodomésticos vulnerables crezca. Martin Hron encontró en su estudio que al menos 570 cafeteras como las que él hackeo están hoy conectadas y accesibles en la red de redes, casi todas ubicadas en Europa.
Acaso investigaciones como estas ayuden a iniciar un camino en el cual el firmware no solo sea un simple código para que los equipos inteligentes funcionen, sino que la ciberseguridad sea una prioridad para los fabricantes.
Martin Hron logró simular el secuestro digital de la cafetera Smarter. Foto: Decoded
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(Fuente: Juventud Rebelde )
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