, Año 64 de la Revolución______________________________

PARA LA HORA

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LA GUERRA DE LOS DIEZ AÑOS Y LA CIÉNAGA DE ZAPATA PARTE I

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Generalmente la historiografía al abordar los procesos redentores desde el siglo XIX, le ha asignado a la Ciénaga de Zapata un marcado papel de retaguardia natural o refugio – asistiéndole en esencia la razón - ahondar sobre las características topográficas del territorio que coadyuvaron a esa protección, sería sumergirnos en una conocidísima temática. De miope catalogaríamos a quien no aceptara que la Ciénaga cuidó como nadie de los valientes cubanos, que exaltando valor y patriotismo, convirtieron sus bosques en segura morada.


Pero resulta que en contadas ocasiones se hace referencia al protagonismo cienaguero cumpliendo con Céspedes y Martí. Tal parece que el litoral, cayos interiores e irregular “campanario” con sus estrechos senderos, persistieran en resguardar nombres y acciones de los Patricios de esta tierra; quienes entregaron en muchos casos su valiosa sangre y vida en aras de liberar a la Patria del yugo colonial español, y que aferraron como raíz de mangle la antiquísima tradición patriótica del nativo.
La Revolución cubana iniciada el 10 de octubre de 1868 en la “Demajagua”, pronto tuvo el incondicional apoyo de la gran Ciénaga.


El 7 de febrero de 1869 se levantaron en armas los revolucionarios cienfuegueros dirigidos por el General Adolfo Cabada, quien tuvo el apoyo incondicional de otras importantes figuras como: Juan Díaz de Villegas, Félix Bouyón, Jesús del Sol y Luis de la Masa Arredondo. De inmediato la parte oriental cienaguera, fundamentalmente Bartolina – aledaña a Jagua – recibió las constantes visitas de los aguerridos patriotas sureños, que en algunas ocasiones sostuvieron cruentos combates con las fuerzas coloniales: el 9 de marzo de 1869 el coronel Jesús del Sol se enfrentó al batallón español “Nápoles”.

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( Historiador de la Ciénaga de Zapata Msc Julio Amorín Ponce )

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Generalmente la historiografía al abordar los procesos redentores desde el siglo XIX, le ha asignado a la Ciénaga de Zapata un marcado papel de retaguardia natural o refugio – asistiéndole en esencia la razón - ahondar sobre las características topográficas del territorio que coadyuvaron a esa protección, sería sumergirnos en una conocidísima temática. De miope catalogaríamos a quien no aceptara que la Ciénaga cuidó como nadie de los valientes cubanos, que exaltando valor y patriotismo, convirtieron sus bosques en segura morada.


Pero resulta que en contadas ocasiones se hace referencia al protagonismo cienaguero cumpliendo con Céspedes y Martí. Tal parece que el litoral, cayos interiores e irregular “campanario” con sus estrechos senderos, persistieran en resguardar nombres y acciones de los Patricios de esta tierra; quienes entregaron en muchos casos su valiosa sangre y vida en aras de liberar a la Patria del yugo colonial español, y que aferraron como raíz de mangle la antiquísima tradición patriótica del nativo.
La Revolución cubana iniciada el 10 de octubre de 1868 en la “Demajagua”, pronto tuvo el incondicional apoyo de la gran Ciénaga.


El 7 de febrero de 1869 se levantaron en armas los revolucionarios cienfuegueros dirigidos por el General Adolfo Cabada, quien tuvo el apoyo incondicional de otras importantes figuras como: Juan Díaz de Villegas, Félix Bouyón, Jesús del Sol y Luis de la Masa Arredondo. De inmediato la parte oriental cienaguera, fundamentalmente Bartolina – aledaña a Jagua – recibió las constantes visitas de los aguerridos patriotas sureños, que en algunas ocasiones sostuvieron cruentos combates con las fuerzas coloniales: el 9 de marzo de 1869 el coronel Jesús del Sol se enfrentó al batallón español “Nápoles”.

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( Historiador de la Ciénaga de Zapata Msc Julio Amorín Ponce )

La Demajagua: escuela fecunda

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Fue  aquella una madrugada diferente. Antes de que se asomara el sol, la campana del ingenio La Demajagua anunciaba la lucha continuada de un pueblo deseoso de forjar su propio destino. Era el 10 de octubre de 1868, cuando medio millar de cubanos alzados en armas, juraron pelear hasta ver a Cuba libre o perecer en la contienda.

 

Pero el mejor gesto de aquel día, según lo vio Martí, estuvo más que en el levantamiento en armas, en la lúcida resolución de  Carlos Manuel de Céspedes, el insigne bayamés que desafió a la Corona española con su declaración de guerra, quien dio la doble libertad a sus esclavos: la de hacerse responsable de sus días y conquistar la independencia de aquella tierra suya, por cuanto la habían fecundado con su trabajo.

“Constituir en Cuba una nación independiente, porque así cumple a la grandeza de su futuro destino y para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos”, resumía los objetivos de la guerra libertaria emprendida por Céspedes. El bayamés nacido en 1819 y acatado como jefe supremo de la Revolución del 68 fue un hombre cabal y digno.

Dos hechos anticiparon el levantamiento del 10 de Octubre en Cuba; la  sublevación  del 19 de septiembre en España contra la Reina Isabel Segunda, y el Grito de Lares, en Puerto Rico, donde los independentistas se alzaron contra la corona española, que parecía tambalearse. Otra coyuntura precipitó que Céspedes adelantara la fecha prevista para el 14, para el día 10 del propio mes: la inminencia del descubrimiento del complot por las autoridades coloniales y, por ende, su seguro encarcelamiento.

El camino de la revolución estaba expedito. El rápido avance de la insurrección por los territorios de Oriente, Camagüey y Las Villas, llevaron la guerra al resto del país. Su insubordinación resulto bendita, Aquella decisión audaz y oportuna se insertó con letras de gloria en la historia. La revolución había que salvarla desde el enfrentamiento y la continuidad. Eso hizo Céspedes.

Y aunque la guerra se inició con un revés para la tropa en el hoy municipio granmense de Yara, Céspedes no se intimidó. “Aún quedan 12 hombres, ¡bastan para hacer la independencia de Cuba!”, dijo, trayéndonos a la memoria la similar expresión de Fidel  en 1956 al reencontrase con los expedicionarios del Granma tras la dispersión de Alegría de Pio.

Con entusiasmo y coraje, la bisoña fuerza mambisa se repuso de la derrota y a los pocos días entraba triunfadora en Bayamo, hoy capital de la provincia Granma, que fue ocupada durante tres meses Allí se constituyó el primer gobierno en “territorio libre” de Cuba. Atacados por fuerzas superiores, las tropas mambisas tuvieron que abandonar la ciudad, produciéndose entonces un hecho heroico: los bayameses prefirieron darle fuego antes que entregarla al enemigo.


 Vale evocar el valor desplegado por cubanos y cubanas durante esa  contienda independentista.   Que duró 10 años. Extensa es la galería de mujeres conocidas o anónimas, cuyas acciones fueron  determinantes tanto en el 68 como en la llamada Guerra Necesaria, que tuvo en Martí  su principal organizador y guía y que estallo el  24 de febrero de 1895. En ambas contiendas, ricas, pobres, esclavas y libres, sintieron los dolores de la patria oprimida y no repararon en sacrificios para incorporarse, decididamente a las luchas revolucionarias.

Rompiendo los prejuicios de la época, que limitaban la actividad femenina al círculo doméstico, mujeres como Mariana Grajales, Ana Betancourt, Candelaria Figueredo, Dominga Moncada, Lucía Íñiguez, Rosa La Bayamesa y María Cabrales, entre otras muchas de real hondura, desplegaron su quehacer revolucionario en los más disímiles y necesarios frentes de lucha insurreccional.

La campanada redentora proclamada por Céspedes se expandió por toda la Isla durante 10 años no exentos de contradicciones económicas y sociales, la infamia de los débiles y la ineptitud y caudillismo de algunos jefes locales, entre otros factores, vio truncarse la lucha, aunque preparó las condiciones para nuevas y continuadas victorias, dejándonos también un valiosísimo acervo de experiencias y los bríos revolucionarios de hombres y mujeres decididos a seguir luchando.

Y cuando algunos, extinguidos sus arrestos primigenios, sólo pensaron en la capitulación, y otros perdieron la brújula, se alzó poderosa en Baraguá la voz de Maceo, prestigiando la Revolución del 68. De esa escuela fecunda surgieron hombres como José Martí, quien aunó voluntades y hermanó a los veteranos y los jóvenes para emprender una nueva guerra necesaria, partiendo de aquellas experiencias. Baire atizó entonces la llama  encendida en Yara y devino símbolo y continuidad de un prolongado relevo generacional. Una lucha que  no cesó hasta la definitiva independencia que hoy gozamos

 Cuba conserva con orgullo la memoria de quien, como dijo Fidel, fuera “símbolo de dignidad y rebeldía de un pueblo que comenzaba a nacer en la historia”, cuando empezó a pensar desde sus esencias continuadoras en la Revolución. La misma que se mantiene digna y vigilante en la defensa de la independencia definitivamente conquistada.

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( http://www.mujeres.co.cu/art.php?MTQ4NDk=)

La Demajagua: escuela fecunda

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Fue  aquella una madrugada diferente. Antes de que se asomara el sol, la campana del ingenio La Demajagua anunciaba la lucha continuada de un pueblo deseoso de forjar su propio destino. Era el 10 de octubre de 1868, cuando medio millar de cubanos alzados en armas, juraron pelear hasta ver a Cuba libre o perecer en la contienda.

 

Pero el mejor gesto de aquel día, según lo vio Martí, estuvo más que en el levantamiento en armas, en la lúcida resolución de  Carlos Manuel de Céspedes, el insigne bayamés que desafió a la Corona española con su declaración de guerra, quien dio la doble libertad a sus esclavos: la de hacerse responsable de sus días y conquistar la independencia de aquella tierra suya, por cuanto la habían fecundado con su trabajo.

“Constituir en Cuba una nación independiente, porque así cumple a la grandeza de su futuro destino y para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos”, resumía los objetivos de la guerra libertaria emprendida por Céspedes. El bayamés nacido en 1819 y acatado como jefe supremo de la Revolución del 68 fue un hombre cabal y digno.

Dos hechos anticiparon el levantamiento del 10 de Octubre en Cuba; la  sublevación  del 19 de septiembre en España contra la Reina Isabel Segunda, y el Grito de Lares, en Puerto Rico, donde los independentistas se alzaron contra la corona española, que parecía tambalearse. Otra coyuntura precipitó que Céspedes adelantara la fecha prevista para el 14, para el día 10 del propio mes: la inminencia del descubrimiento del complot por las autoridades coloniales y, por ende, su seguro encarcelamiento.

El camino de la revolución estaba expedito. El rápido avance de la insurrección por los territorios de Oriente, Camagüey y Las Villas, llevaron la guerra al resto del país. Su insubordinación resulto bendita, Aquella decisión audaz y oportuna se insertó con letras de gloria en la historia. La revolución había que salvarla desde el enfrentamiento y la continuidad. Eso hizo Céspedes.

Y aunque la guerra se inició con un revés para la tropa en el hoy municipio granmense de Yara, Céspedes no se intimidó. “Aún quedan 12 hombres, ¡bastan para hacer la independencia de Cuba!”, dijo, trayéndonos a la memoria la similar expresión de Fidel  en 1956 al reencontrase con los expedicionarios del Granma tras la dispersión de Alegría de Pio.

Con entusiasmo y coraje, la bisoña fuerza mambisa se repuso de la derrota y a los pocos días entraba triunfadora en Bayamo, hoy capital de la provincia Granma, que fue ocupada durante tres meses Allí se constituyó el primer gobierno en “territorio libre” de Cuba. Atacados por fuerzas superiores, las tropas mambisas tuvieron que abandonar la ciudad, produciéndose entonces un hecho heroico: los bayameses prefirieron darle fuego antes que entregarla al enemigo.


 Vale evocar el valor desplegado por cubanos y cubanas durante esa  contienda independentista.   Que duró 10 años. Extensa es la galería de mujeres conocidas o anónimas, cuyas acciones fueron  determinantes tanto en el 68 como en la llamada Guerra Necesaria, que tuvo en Martí  su principal organizador y guía y que estallo el  24 de febrero de 1895. En ambas contiendas, ricas, pobres, esclavas y libres, sintieron los dolores de la patria oprimida y no repararon en sacrificios para incorporarse, decididamente a las luchas revolucionarias.

Rompiendo los prejuicios de la época, que limitaban la actividad femenina al círculo doméstico, mujeres como Mariana Grajales, Ana Betancourt, Candelaria Figueredo, Dominga Moncada, Lucía Íñiguez, Rosa La Bayamesa y María Cabrales, entre otras muchas de real hondura, desplegaron su quehacer revolucionario en los más disímiles y necesarios frentes de lucha insurreccional.

La campanada redentora proclamada por Céspedes se expandió por toda la Isla durante 10 años no exentos de contradicciones económicas y sociales, la infamia de los débiles y la ineptitud y caudillismo de algunos jefes locales, entre otros factores, vio truncarse la lucha, aunque preparó las condiciones para nuevas y continuadas victorias, dejándonos también un valiosísimo acervo de experiencias y los bríos revolucionarios de hombres y mujeres decididos a seguir luchando.

Y cuando algunos, extinguidos sus arrestos primigenios, sólo pensaron en la capitulación, y otros perdieron la brújula, se alzó poderosa en Baraguá la voz de Maceo, prestigiando la Revolución del 68. De esa escuela fecunda surgieron hombres como José Martí, quien aunó voluntades y hermanó a los veteranos y los jóvenes para emprender una nueva guerra necesaria, partiendo de aquellas experiencias. Baire atizó entonces la llama  encendida en Yara y devino símbolo y continuidad de un prolongado relevo generacional. Una lucha que  no cesó hasta la definitiva independencia que hoy gozamos

 Cuba conserva con orgullo la memoria de quien, como dijo Fidel, fuera “símbolo de dignidad y rebeldía de un pueblo que comenzaba a nacer en la historia”, cuando empezó a pensar desde sus esencias continuadoras en la Revolución. La misma que se mantiene digna y vigilante en la defensa de la independencia definitivamente conquistada.

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La obra martiana llegará a casa en tiempos de coronavirus

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La Habana, 14 abril.  El Centro de Estudios Martianos (CEM) propone acercarse a la obra de José Martí, en tiempos de necesario aislamiento social para evitar la propagación de la Covid-19, a través de su amplia biblioteca digital, disponible en el portal de la institución.

De acuerdo con una nota de prensa, la entidad posee una abundante colección de aplicaciones para móviles y una selección de noticias relativas a la figura del Apóstol que pueden ser consultadas y descargadas libremente.

Asimismo, a través de su portal se pueden disfrutar de visitas virtuales a instituciones relacionadas con la vida de José Martí como su Casa Natal, la Finca El Abra y la Fragua Martiana, entre otras.

Vale destacar que están disponibles para su descarga gratuita más de 30 títulos, así como los 29 tomos de las Obras Completas de José Martí, publicadas por la Edición Crítica del CEM, las cuales tienen como valor agregado una biografía mínima del Apóstol, una selección de la Cronología Martiana del Dr. Ibrahim Hidalgo, una sección de noticias y toda la iconografía existente del Héroe Nacional.

Por su parte, la aplicación José Martí, aforismos, también a disposición de los internautas, incluye unas cuatro mil frases martianas seleccionadas del libro Aforismos, del autor Sergio Batlle.

Esta aplicación incluye un buscador de frases y la posibilidad de guardar las favoritas, además de una biografía del Apóstol y noticias actualizadas.

De entre las visitas virtuales debemos resaltar la del propio CEM, inmueble que fue la residencia de José Francisco Martí Zayas-Bazán, el “Ismaelillo” y su esposa María Teresa Vances y que atesora numerosos bienes muebles.

Así la institución, dedicada a promover la obra del Apóstol, se suma a la voluntad de nuestro país por contribuir a que se cumpla el necesario aislamiento social y hacer de estos tiempos en casa, una temporada útil y amena.

Tomado de Agencia Cubana de Noticias. 14 de abril 2020.)

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