Fue aquella una madrugada diferente. Antes de que se asomara el sol, la campana del ingenio La Demajagua anunciaba la lucha continuada de un pueblo deseoso de forjar su propio destino. Era el 10 de octubre de 1868, cuando medio millar de cubanos alzados en armas, juraron pelear hasta ver a Cuba libre o perecer en la contienda.
Pero el mejor gesto de aquel día, según lo vio Martí, estuvo más que en el levantamiento en armas, en la lúcida resolución de Carlos Manuel de Céspedes, el insigne bayamés que desafió a la Corona española con su declaración de guerra, quien dio la doble libertad a sus esclavos: la de hacerse responsable de sus días y conquistar la independencia de aquella tierra suya, por cuanto la habían fecundado con su trabajo.
“Constituir en Cuba una nación independiente, porque así cumple a la grandeza de su futuro destino y para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos”, resumía los objetivos de la guerra libertaria emprendida por Céspedes. El bayamés nacido en 1819 y acatado como jefe supremo de la Revolución del 68 fue un hombre cabal y digno.
Dos hechos anticiparon el levantamiento del 10 de Octubre en Cuba; la sublevación del 19 de septiembre en España contra la Reina Isabel Segunda, y el Grito de Lares, en Puerto Rico, donde los independentistas se alzaron contra la corona española, que parecía tambalearse. Otra coyuntura precipitó que Céspedes adelantara la fecha prevista para el 14, para el día 10 del propio mes: la inminencia del descubrimiento del complot por las autoridades coloniales y, por ende, su seguro encarcelamiento.
El camino de la revolución estaba expedito. El rápido avance de la insurrección por los territorios de Oriente, Camagüey y Las Villas, llevaron la guerra al resto del país. Su insubordinación resulto bendita, Aquella decisión audaz y oportuna se insertó con letras de gloria en la historia. La revolución había que salvarla desde el enfrentamiento y la continuidad. Eso hizo Céspedes.
Y aunque la guerra se inició con un revés para la tropa en el hoy municipio granmense de Yara, Céspedes no se intimidó. “Aún quedan 12 hombres, ¡bastan para hacer la independencia de Cuba!”, dijo, trayéndonos a la memoria la similar expresión de Fidel en 1956 al reencontrase con los expedicionarios del Granma tras la dispersión de Alegría de Pio.
Con entusiasmo y coraje, la bisoña fuerza mambisa se repuso de la derrota y a los pocos días entraba triunfadora en Bayamo, hoy capital de la provincia Granma, que fue ocupada durante tres meses Allí se constituyó el primer gobierno en “territorio libre” de Cuba. Atacados por fuerzas superiores, las tropas mambisas tuvieron que abandonar la ciudad, produciéndose entonces un hecho heroico: los bayameses prefirieron darle fuego antes que entregarla al enemigo.
Vale evocar el valor desplegado por cubanos y cubanas durante esa contienda independentista. Que duró 10 años. Extensa es la galería de mujeres conocidas o anónimas, cuyas acciones fueron determinantes tanto en el 68 como en la llamada Guerra Necesaria, que tuvo en Martí su principal organizador y guía y que estallo el 24 de febrero de 1895. En ambas contiendas, ricas, pobres, esclavas y libres, sintieron los dolores de la patria oprimida y no repararon en sacrificios para incorporarse, decididamente a las luchas revolucionarias.
Rompiendo los prejuicios de la época, que limitaban la actividad femenina al círculo doméstico, mujeres como Mariana Grajales, Ana Betancourt, Candelaria Figueredo, Dominga Moncada, Lucía Íñiguez, Rosa La Bayamesa y María Cabrales, entre otras muchas de real hondura, desplegaron su quehacer revolucionario en los más disímiles y necesarios frentes de lucha insurreccional.
La campanada redentora proclamada por Céspedes se expandió por toda la Isla durante 10 años no exentos de contradicciones económicas y sociales, la infamia de los débiles y la ineptitud y caudillismo de algunos jefes locales, entre otros factores, vio truncarse la lucha, aunque preparó las condiciones para nuevas y continuadas victorias, dejándonos también un valiosísimo acervo de experiencias y los bríos revolucionarios de hombres y mujeres decididos a seguir luchando.
Y cuando algunos, extinguidos sus arrestos primigenios, sólo pensaron en la capitulación, y otros perdieron la brújula, se alzó poderosa en Baraguá la voz de Maceo, prestigiando la Revolución del 68. De esa escuela fecunda surgieron hombres como José Martí, quien aunó voluntades y hermanó a los veteranos y los jóvenes para emprender una nueva guerra necesaria, partiendo de aquellas experiencias. Baire atizó entonces la llama encendida en Yara y devino símbolo y continuidad de un prolongado relevo generacional. Una lucha que no cesó hasta la definitiva independencia que hoy gozamos
Cuba conserva con orgullo la memoria de quien, como dijo Fidel, fuera “símbolo de dignidad y rebeldía de un pueblo que comenzaba a nacer en la historia”, cuando empezó a pensar desde sus esencias continuadoras en la Revolución. La misma que se mantiene digna y vigilante en la defensa de la independencia definitivamente conquistada.
_______________________
( http://www.mujeres.co.cu/art.php?MTQ4NDk=)












0 Post a Comment:
Publicar un comentario