Generalmente la historiografía al abordar los procesos redentores desde el siglo XIX, le ha asignado a la Ciénaga de Zapata un marcado papel de retaguardia natural o refugio – asistiéndole en esencia la razón - ahondar sobre las características topográficas del territorio que coadyuvaron a esa protección, sería sumergirnos en una conocidísima temática. De miope catalogaríamos a quien no aceptara que la Ciénaga cuidó como nadie de los valientes cubanos, que exaltando valor y patriotismo, convirtieron sus bosques en segura morada.
Pero resulta
que en contadas ocasiones se hace referencia al protagonismo cienaguero
cumpliendo con Céspedes y Martí. Tal parece que el litoral, cayos
interiores e irregular “campanario” con sus estrechos senderos,
persistieran en resguardar nombres y acciones de los Patricios de esta
tierra; quienes entregaron en muchos casos su valiosa sangre y vida en
aras de liberar a la Patria del yugo colonial español, y que aferraron
como raíz de mangle la antiquísima tradición patriótica del nativo.
La Revolución cubana iniciada el 10 de octubre de 1868 en la
“Demajagua”, pronto tuvo el incondicional apoyo de la gran Ciénaga.
El 7 de febrero de 1869 se levantaron en armas los revolucionarios
cienfuegueros dirigidos por el General Adolfo Cabada, quien tuvo el
apoyo incondicional de otras importantes figuras como: Juan Díaz de
Villegas, Félix Bouyón, Jesús del Sol y Luis de la Masa Arredondo. De
inmediato la parte oriental cienaguera, fundamentalmente Bartolina –
aledaña a Jagua – recibió las constantes visitas de los aguerridos
patriotas sureños, que en algunas ocasiones sostuvieron cruentos
combates con las fuerzas coloniales: el 9 de marzo de 1869 el coronel
Jesús del Sol se enfrentó al batallón español “Nápoles”.
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( Historiador de la Ciénaga de Zapata Msc Julio Amorín Ponce )










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