En el devenir de la Ciénaga de Zapata ya han desaparecido varias comunidades que, en la actualidad, solo existen en las remembranzas de quienes las conocieron en el pasado. Todo parece indicar que la próxima a incluir en esa lista será Cocodrilo, un pequeño y remoto batey donde solo habita un niño y los jóvenes, una vez que salen, no suelen volver.
POR AYOSE S. GARCÍA NARANJO

Cocodrilo representa una pequeña y distante comunidad ubicada, como dicen sus pobladores, en el corazón de la Ciénaga
Mucho ha cambiado la Ciénaga de Zapata en muy pocos años. Contrario al criterio que todavía perdura en el imaginario popular, una parte de esta región sostiene un desarrollo similar a cualquier otro polo turístico de la Isla: hoteles confortables, casas deslumbrantes, restaurantes de comprobada reputación, autos de lujo, zonas wi-fi, elementos que de conjunto le impregnan un aire de incuestionable progreso.
Sin embargo, la comunidad de Cocodrilo no se anda con esa parafernalia y aun en el 2018, la globalización inherente a la modernidad no ha llegado a este territorio. A grandes rasgos, su descripción pudiera ser tan breve como su extensión, un pequeño caserío rodeado por terrenos cenagosos que se adentra a su vez en bosques prácticamente inaccesibles para el visitante foráneo.
En estos parajes conviven poco más de cuarenta personas, cuya única forma de comunicación con el mundo exterior se resume a dos teléfonos públicos con pésima cobertura y recargables con electricidad, privilegio este último que, por cierto, tienen diez horas al día.
De más está decir que todos sus habitantes se conocen a la perfección, a tal punto que los animales se crían sueltos por el batey sin peligro a que puedan ser robados.
En la actualidad, la decadencia de este sitio unido a su creciente despoblación, lo convierten en un asentamiento que tiende a su desintegración con el paso del tiempo. Como es de suponer, no siempre fue así, pero para comprender el presente no existe nada más sensato que consultar el pasado, la génesis de todo lo que hoy es ocaso en este pueblo ubicado en el mismísimo corazón de la Ciénaga.
¿ASENTAMIENTO SIN HISTORIA?
En un inicio la comunidad se llamaba San Vicente de Cocodrilos, y la referencia documental más antigua de pobladores se remonta al año 1781, cuando la finca es comprada por José de la Guardia.
Posteriormente la propiedad cambia de dueños a través de ventas, donaciones, herencias y segregaciones, procesos comunes en las extensiones cenagueras.
Desde el punto de vista histórico, el acontecimiento más relevante de su existencia ha sido el hallazgo del primer asentamiento de aborígenes agricultores-ceramistas reportado en el municipio, sucedido en 1997, hecho protagonizado por un equipo de exploradores dirigidos por Adrián Álvarez Chávez, miembro del equipo provincial de historia de la Ciénaga de Zapata.
"Sin duda esto es lo más significativo. Nosotros llevamos a cabo estudios en la región y consultamos los archivos históricos de Cienfuegos, Villa Clara y Matanzas. Además, visitamos la Biblioteca Nacional, en La Habana, y es esta la única información plasmada sobre Cocodrilo, uno de los sitios más acogedores y bellos del gran humedal", comenta Álvarez Chávez.
Sus pobladores han sobrevivido a través de la caza, el carbón y la pesca, aunque el mar les queda a varios kilómetros de distancia. Allí ha perdurado la costumbre de sembrar calabaza, yuca o plátano en modestos lugares de autoconsumo, que al menos ayudan a complementar la alimentación.
En el pasado hubo una brigada de guaneros, se organizaban grupos para cortar leña, había también un comedor y se trabajaba con equipos y tractores que de cierta forma garantizaban un nivel aceptable de empleo, solo que con el tiempo la maquinaria comenzó a deteriorarse y luego se asignó a otros sectores, en tanto las personas fueron buscando mejorar su calidad de vida.
Raúl, operador del grupo electrógeno del batey
"La población va envejeciendo y entonces ya la juventud es muy difícil retenerla aquí, donde la única fuente de trabajo se simplifica a la sala de televisión, la bodega, el círculo social y el plantero (operador del grupo electrógeno). Ganarse la vida hoy es bien difícil y para colmo, hacer cualquier gestión fuera de aquí es un peligro con el estado en que está el terraplén que nos une a Girón", indica Pedro Mujica, administrador de la bodega.

El terraplén que enlaza a Girón con Cocodrilo constituye un peligro para el tránsito en la zona
UN PLANTEAMIENTO ENVEJECIDO
El camino antes mencionado resulta bastante estrecho y precario. Más allá de las profundas excavaciones que lo cubren en su totalidad, actualmente el espeso monte que le rodea comienza a perturbar el tránsito hacia esta zona.
Su reparación es un planteamiento de hace más de 15 años por parte de la población, aunque nada se concreta todavía.
"En lo que resta de año no se va a arreglar, hace poco estuvimos una reunión con el delegado provincial de la Agricultura y manifestó que se tienen previstas algunas acciones de limpieza y de bacheo, pero no se va efectuar nada definitivo", explica Alain Sobrino Navarro, vicepresidente del Gobierno en la Ciénaga de Zapata.
En el 2018 la obra que se acometió en este sentido fue la restauración del camino que va desde Playa Larga a Santo Tomás, de una amplitud aproximada de 30 km y con la ventaja de disponer de varias canteras cercanas durante el trayecto.
Este no es el caso de Cocodrilo, cuyo terraplén abarca 38 km en los que no se vislumbra nada más que manigua y en algunos intervalos, arena y mar. Entonces para materializar los arreglos en esta parte los camiones tendrían que cargar el rocoso en Viradero, cerca de Girón, llegar a la carretera, descargar y virar, lo cual duplicaría el costo de las acciones.
"El financiamiento de la obra de Santo Tomás estuvo a cargo del Gobierno Municipal, mediante los ingresos que recauda por concepto de la contribución territorial para el desarrollo local. En esta ocasión la cifra superó el monto de los 100 mil pesos, así que imagínate el precio del otro proyecto. Por este motivo le indicamos a la Empresa para la Conservación de la Ciénaga de Zapata (Ecocienzap) y a la Agricultura en el territorio que lo tengan en cuenta en su plan de la economía del próximo año, pues esto le corresponde a la brigada de viales que tienen ellos", asegura Sobrino Navarro.
El directivo añade que el 1% del municipio no se puede invertir solo en el terraplén porque existen otras necesidades e intereses a fomentar en la región, incluso el presupuesto por esta vía tampoco es tan elevado como el que pudiera tener otros municipios como Jagüey, Jovellanos o Matanzas por la cantidad de empresas que poseen.
No obstante, Antonio Manzano Puerto, delegado de la Agricultura en el municipio, reconoce que el terraplén antes referido se incluye en el patronazgo de Ecocienzap, pero acto seguido refiere que su reparación no se puede incluir en el plan de la economía de la empresa dado el movimiento de recursos que conllevaría.
Lo cierto es que mientras caiga en terreno de nadie, podrán transcurrir 15 años más en los que lejos de mejorar solo aumentará el deterioro de este camino, algo realmente difícil de imaginar. Una decisión de esta índole merece toda la premura y seriedad posible, un consenso entre varias instituciones si fuera necesario para evitar por todos los medios un accidente que, en el futuro, se deba lamentar.
VISITA DEL MÉDICO: UNA SOLUCIÓN INAPLAZABLE
"Aquí tú vives sigiliao, porque te da un dolor fuerte y no tienes pa´ dónde coger. Los que vivimos en el batey muchas veces andamos con hachas, machetes, montamos a caballo y puedo decirte que, si te das un golpe bien da´o, te vas del aire. Yo mismo una vez me resbalé de una palma y caí al suelo de pie, con el impacto me desgarré cuatro huesos de una de las piernas. Eso fue temprano en la mañana y mi familia llamó enseguida a la ambulancia. A las tres de la tarde todavía no había llegado", recuerda Raúl Rodríguez García, plantero del pueblo y quien ha echado toda su vida en Cocodrilo.
Para comprender a cabalidad la situación del médico resulta inevitable acotar algunos puntos sobre el transporte en el batey: hasta aquí llega una sola guagua que sale a las 4 de la madrugada y luego regresa a 8 de la noche, duerme en este sitio y al día siguiente lleva a cabo la misma secuencia. Normalmente dos veces en el mes hace un viaje extra al mediodía, pero desde agosto no lo realiza por problemas técnicos.
Además, el único consultorio médico de la zona se encuentra en Guasasa, una comunidad a 10 km de distancia y a la que solo puede llegarse de una forma: franqueando el terraplén descrito en el epígrafe anterior.
"Me preocupa el médico de la familia que nunca entra hasta aquí, ya yo hablé con el municipio de salud y no me han dado respuesta, solo me dicen que no tienen transporte para ofrecer el servicio", comenta Maribel Martínez Díaz, delegada de la comunidad.
Por su parte, Sobrino Navarro asevera que se han analizado alternativas como trasladar al personal de la salud en el ómnibus Diana que entraba los miércoles, pero no fue viable porque esta demora solo alrededor de 20 minutos antes de retornar con otros viajes.
"En una ocasión coordinamos con la delegada del pueblo para utilizar un transporte local de allí, los llamados Rikimbili, con vistas a suministrarle nosotros el combustible y que al menos una vez a la semana puedan ir el médico o el enfermero a hacer terreno, cumplir con la citología, la vacunación y todos los programas de este tipo; pero hasta hoy no se ha puesto en práctica", expresa Alain Alayón Díaz-Ravela, director municipal de Salud.
"Esta opción no se podrá ejecutar", aclara el vicepresidente del Gobierno municipal, "sencillamente porque los Rikimbili no son legales y nosotros no podemos autorizar nada ilegal. Supongamos que lo permitamos y por cosas de la vida en uno de sus viajes al cruzar una curva sale de pronto un camión y muere alguien. Entonces ante la ley, un medio que no tiene licencia de circulación funcionaba con la gasolina proporcionada por salud: eso representa un gran problema".
Lo que más se acerca a una solución consiste en la posibilidad de acondicionar algún local en Cocodrilo para que el médico vaya en la guagua de la noche y pueda quedarse allí. De todos modos, tampoco se ha validado esta variante porque en el horario nocturno se quedaría desatendido Guasasa.
El planteamiento sobre la asistencia del personal de la salud a la comunidad constituye una tarea pendiente para las autoridades del territorio, una necesidad que por más compleja que se torne, se debe solucionar cuanto antes pues a pesar de ser pequeño y apartado el batey, la mayoría de sus pobladores tienen edad avanzada, algunos están encamados y otros padecen de la presión y la diabetes.
¿PUEBLO SIN CULTURA?
El hombre siempre tiene dos hambres, decía Onelio Jorge Cardoso en un cuento memorable, y si se extrapola la connotación de esta frase se pudiera decir que en los hombres de Cocodrilo habitan almas famélicas, ávidas y ajenas a las formas de alimentar su espiritualidad.
La delegada del lugar afirma, ya con resignación, que lleva siete años viviendo en esta comunidad y si ha venido una vez el grupo Korimakao fue mucho: "la cultura no llega aquí, y eso lo he planteado en varias oportunidades", sentencia ella.
Sin embargo, Yander Roche Miralles, director general en funciones del conjunto artístico insigne de la Ciénaga de Zapata, precisa que la compañía tiene toda la disposición y el talento para esta empresa, pero no tiene en qué trasladarlo.
"Lamentablemente esto pasa por un plano logístico que no depende de nosotros pues del programa de actividades que presentamos todos los años al Gobierno, esta institución decide las que se realizarán o no en dependencia del combustible y el kilometraje. Por ejemplo, en el plan que confeccionamos la última vez se incluía a Cocodrilo, pero no lo aceptaron", informa Roche Miralles.
Claro que en este asunto asume un rol determinante la dirección municipal de Cultura como organismo encargado de desarrollar un trabajo sistemático en el territorio.
"Si hacer cultura en lugares céntricos ya es difícil, imagínate en zonas de difícil acceso. En estos momentos no se le da la prioridad que lleva esta importante labor y se puede percibir mediante la aprobación de presupuestos insuficientes, de tecnologías casi nulas para la organización de cualquier evento", argumenta Efraín Otaño Gerardo, artista del municipio y director del proyecto sociocultural Ksimba.
Por otro lado, hace más de un mes el paso de una tormenta le desprendió el techo al círculo social de Cocodrilo y ahora, aunque se comercializan sus productos en la bodega, la otrora sede de los juegos de dominó en el barrio se inutilizó por completo.
"Estamos esperando a que la Empresa de Comercio nos dé los recursos, en nuestro caso solo las puntillas, porque la madera, el guano y la mano de obra la ponemos nosotros con la gente del batey", revela Pedro Mujica.

El círculo social
La inactividad que caracteriza la vida del poblado, su silencio al mediodía, la brumosa rutina de su existencia jamás quebrada, hacen que este sea un poblado inerte, al parecer ausente, apagado.
Y precisamente el empleo del último término es más intencional que metafórico pues en el momento de realizarse este reportaje, ya era el tercer día que la comunidad llevaba sin electricidad.
QUE SE HAGA LA LUZ
El grupo electrógeno que le proporciona energía a las casas del batey funciona por medio de cuotas mensuales de combustible que le permite "alumbrar" la localidad, como se vio al inicio, diez horas al día (de 10:00 am a 12:00 m y luego de 4:00 pm a 12 m, los fines de semana se añaden dos horas más).
"A inicios de cada mes la empresa eléctrica de Jagüey Grande nos hace un control del combustible que tenemos y la cantidad que promedia el consumo del grupo; entonces si se verifica esa información, es del conocimiento de los directivos que al batey debió haber entrado el camión hace once días", sentencia Raúl, el plantero.
Ante la elevación de la queja a niveles superiores, la respuesta que recibió la delegada es que el transporte destinado a abastecer el pueblo se rompió, aunque ella se pregunta, ¿esa es la única pipa que tiene Cupet para estas gestiones? Está bien, se puede presentar alguna rotura en el tramo, pero ¿once días sin llegar nada?
El suministro de productos a la bodega se mantiene estable, aunque cuando pasan demasiado tiempo sin refrigeración algunos se echan a perder.
Pedro Mujica, el dependiente de la bodega, comenta que ya se le echó a perder el queso, el picadillo y las salchichas. Y a continuación explica sobre el funcionamiento del batey: "si tenemos aquí alguna dificultad o se nos presenta la muerte de algún familiar, permiten encender el grupo electrógeno algunas horas más, solo que después el tiempo consumido fuera del horario establecido se lo recortan a la comunidad en los días posteriores. Sin embargo, cuando ahora llegue el combustible no te reponen el tiempo que estuvimos afectados a causa de la avería del carro".
En definitiva, Cocodrilo estuvo desde el sábado hasta el martes sin electricidad, y aunque sus habitantes manifestaron que disyuntivas similares han sucedido otras veces, resulta intolerable su reiteración en un poblado que de por sí ya tiene restringido su consumo eléctrico y donde cualquier retraso de este tipo lo incomunica todavía más, pues los dos únicos teléfonos públicos de la localidad se recargan por esta vía.
EPITAFIO ANTICIPADO
A estas alturas no es difícil comprender por qué Cocodrilo constituye hoy un caserío habitado por 43 personas.
"¡Aquí ya no queda nadie!", exclama Raúl, el plantero. "Y yo te voy a ser sincero, no me he ido por la edad que tengo, estoy en un trabajo cómodo y ya pienso en mi retiro. Es más, incluso cuando llegue la jubilación creo que me voy… y me gusta este batey con la vida porque nací aquí, crecí corriendo por ese terraplén, y este lugar lo voy a llevar en mi pecho hasta que me echen la tierra arriba o me metan en una bóveda o un cajón de esos, pero se vuelve imposible estar aquí".
El flujo de las estadísticas refleja a una comunidad que desaparece de manera gradual con el paso del tiempo y, por ejemplo, desde el periodo del 2000 hasta la actualidad su población ha decrecido en más de un cincuenta por ciento. En estos momentos el batey está compuesto por un niño, cuatro jóvenes y el resto lo representan personas entre 40 y 80 años.
Según Dayamí Gómez la Rosa, directora del Programa de Atención Materno Infantil en el municipio, en el último quinquenio se han registrado dos nacimientos en Cocodrilo, pero esta cifra solo indica la dirección en el carnet de identidad de las personas pues en realidad ninguno de esos casos reside allí. Inusualmente las mujeres cuando se embarazan o dan a luz permanecen en este lugar.
"Si esto mejorara yo me quedara y mis hijos también, a mí me gusta esto aquí, pero las condiciones no acompañan al batey. Por ejemplo, ahora mismo la Ciénaga está llena de agua y no podemos hacer ni carbón, entonces sin corriente, ¿con qué cocinamos? Yo por lo menos lo he tenido que hacer con leña, y eso es algo desgastante en verdad", revela Maribel Martínez Díaz, delegada del pueblo.
Alain Sobrino Navarro, vicepresidente del Gobierno entrevistado a lo largo de este trabajo, confiesa su sentido de pertenencia hacia esta región, lugar en el que nació y caminó descalzo durante su niñez. Se graduó de la Universidad viviendo allí, aunque ahora reside en Girón.
"Hace poco llevé a mi hijo al sitio donde me crie, un caserío ubicado a 2 km de Cocodrilo que ya no existe. Ahí estaba todavía la marca del piso, le hablé de cómo yo hacía las tareas con una chismosa y cómo mi infancia transcurrió sin que tuviera un televisor ni las tecnologías habituales en esta época. Creo muy positivo que los hijos conozcan la historia de sus padres, su pasado, para que valoren más lo que tienen en el presente", reconoce el directivo.

La sala de televisión
En el devenir de la Ciénaga de Zapata ya han desaparecido varios asentamientos que hoy solo forman parte de las remembranzas de quienes los conocieron en el pasado. Entre ellos se pudiera mencionar a Vínculo (tenía sala de televisión), Maniadero, La Criolla y El Polvorín (con una tienda incluida).
Ante un contexto como este se torna imprescindible retomar la esencia del Plan Turquino y su aplicación en el territorio, teniendo en cuenta que el objetivo principal de este programa consiste en el desarrollo integral de las zonas de difícil acceso en el país. De lo contrario, el despoblamiento paulatino de estas comunidades dañará de manera irreversible su evolución y existencia, se disiparán patrimonios orales y empíricos, estilos de vida, legados culturales y, además, representará un peligro para la preservación de la biodiversidad debido a la pérdida de oficios tradicionales que utilizan el medio natural como fuente de recursos.
En tanto, para el batey de Cocodrilo la suerte está echada. Su destino permanece atado a un escenario que lo trasciende y se empeña en borrar su nombre de los mapas. Las personas que no lo dejan desaparecer, por ley natural, pronto desaparecerán y justo ese instante marcará nada menos que el fin de la vida en el corazón de la Ciénaga de Zapata.










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