, Año 64 de la Revolución______________________________

PARA LA HORA

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La otra cara de la dependencia: la protección a los cuidadores familiares

Redactado desde el Informativo por:
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El envejecimiento demográfico es un fenómeno que supone múltiples desafíos en todos los órdenes, los cuales resultan comunes a todas las sociedades.

De acuerdo con un artículo del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, ya desde 2015 Cuba figuraba, después de Uruguay, como el segundo país de mayor índice de personas de la tercera edad en América Latina y el Caribe.

Las estadísticas también reflejan que, en gran parte de Europa, Norteamérica y en algunos países de América Latina, hay un incremento considerable de las personas de la tercera edad, e incluso mayores de 85 años.

A ello se suma el número de personas en situación de discapacidad, así como el aumento de la cronicidad de las enfermedades, en particular las neurodegenerativas, factores que conducen al incremento de personas dependientes de cuidados.

Sin embargo, los análisis sobre el fenómeno del envejecimiento poblacional siempre han ponderado, con más o menos acierto, los enfoques desde el prisma de aquellos que reciben cuidados, y nunca, o casi nunca, «que no es lo mismo, pero es igual», desde los cuidadores.

La legislación vigente, al decir del doctor Leonardo Pérez Gallardo, presidente de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y de Familia, de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, no contiene ninguna alusión al tema. De ahí que este sea, probablemente, uno de los aspectos novedosos a incorporar en el nuevo Código de las Familias, que podría presentarse ante la Asamblea Nacional del Poder Popular este año.

Después sobrevendrá la consulta popular, el debate con los diputados y la aprobación definitiva, en Referendo, del texto resultante, tal como lo dicta la Disposición Transitoria Decimoprimera de la Constitución.

DE CUIDADOS Y CUIDADORES

Si bien la dependencia no es un fenómeno nuevo, sostiene Pérez Gallardo, «la convergencia de diferentes factores como el envejecimiento demográfico, el aumento de la esperanza de vida y los cambios en la estructura familiar, han propiciado que se convierta en un fenómeno que requiere respuestas urgentes y adecuadas desde los ámbitos políticos, tecnológicos, sociales, sanitarios, sicológicos, familiares, económicos y, por supuesto, jurídicos».

La persona dependiente, explica, requiere de una asistencia por parte de otros durante un periodo prolongado, o sea, no se trata de la atención por una enfermedad puntual, sino que implica la necesidad de asistencia para aquellas actividades de la vida diaria. Estos cuidados, constantes y perdurables, durante un largo lapso han sido denominados cuidados de larga duración, y suponen una provisión de la asistencia con una intensidad progresiva.

Tampoco puede perderse de vista, a juicio de Pérez Gallardo, que las enfermedades crónicas y las discapacidades pueden ir acompañadas de limitaciones funcionales y cognitivas que terminan impidiéndoles a las personas el disfrute de una vida independiente.

Ante situaciones de esta naturaleza, el cuidado familiar adquiere, generalmente, mayor protagonismo. La clave, advierte el también profesor titular de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, está en la disponibilidad física y emocional de una persona para dedicarse con regularidad a la atención de ese familiar, hasta llegar, incluso, a renunciar o disminuir sus capacidades productivas o laborales, en aras de satisfacer las demandas del destinatario de sus servicios.

En Cuba, de acuerdo con el doctor Leonardo Pérez, las tres cuartas partes de la población de la tercera edad, que se encuentra en situación de cuidado, recibe un apoyo de tipo informal, y es la familia la que más contribuye con ello.  Y de esas tres cuartas partes, el 85 % del cuidado informal se presta en el domicilio.

CUIDADORES INFORMALES ¿PROTEGIDOS?

A los cuidadores familiares, asegura el Presidente de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y de Familia, también se les denomina cuidadores informales porque, a diferencia de los cuidadores profesionales, los primeros se dedican al cuidado por un motivo circunstancial, sin conocimientos especializados y sin compensación alguna.

Los cuidadores profesionales, por el contrario, son contratados y reciben una compensación económica por su servicio. Los cuidadores informales, entretanto, lo hacen por altruismo, sobre la base del deber moral que supone cumplir con sus familiares, que en muchas ocasiones son sus propios padres.

Deber moral que, dicho sea de paso y como rezago de una sociedad patriarcal y androcéntrica, suele ser atribuido a las mujeres, ya sea como hijas, esposas o hermanas. Incluso, se ha asumido como «lógico» que sean las mujeres de los hijos las que cuiden a los suegros o suegras, máxime cuando estos no tuvieron descendientes del sexo femenino.

Sin duda, resume Pérez Gallardo, son muchos y variados los riesgos que asumen los cuidadores, pues dicha actividad implica, en el orden personal, renuncia a una vida adecuada; en el orden social, aislamiento y, en el orden profesional, pérdida de su capacidad productiva y hasta abandono, total o parcial, de su proyecto de vida.

Por esa razón, subraya, «se hace necesaria una regulación de los derechos de los cuidadores familiares que permita, desde el ordenamiento jurídico, visibilizarlos, a partir del reconocimiento a su autonomía y dignidad, así como la condena a cualquier forma de manifestación de la violencia familiar o de género contra ellos.

«Urge una legislación que reconozca el derecho a su propio cuidado, a dedicar tiempo para actividades personales, a ser tratados con respeto y a recibir el debido apoyo del resto de los familiares. Se trata de amparar, desde el Derecho, la otra cara del cuidado».

La protección a los cuidadores, reconoce el profesor, «no solo debe ser transversal en el ámbito del Derecho público, sino también desde el Derecho privado, capaz de ofrecer herramientas útiles para compensar el desequilibrio patrimonial asociado al desempeño de la labor de cuidador.

En palabras de Pérez Gallardo, «es necesario poner la mira en aquellas personas que, como cuidadores, han quedado desprotegidas social y económicamente luego de la muerte del receptor de los cuidados. A tal fin, las normas, tanto del Derecho de las familias como del Derecho de sucesiones, pueden ser instrumentos importantes.

«Valdría pensar en alternativas que, sin menguar el altruismo, el afecto, la solidaridad, la entrega y el amor, incentiven el cuidado, compensen el silencio, la sobrecarga emocional y física y faciliten una redistribución equitativa y justa del caudal hereditario».

En ese sentido, puntualiza, «la libertad de testar puede ser una alternativa útil y al alcance de todos. Nadie mejor que el testador para compensar los esfuerzos del cuidador. Y, a falta del ejercicio de la facultad de testar, corresponderá al legislador, según considere a bien, establecer la mejor correlación entre participación en la herencia y atención para con el causante en el ocaso de la vida».

El modelo chino, sugiere, «pudiera ser espejo para las normas sucesorias, a partir del establecimiento de reglas cada vez más flexibles en la sucesión legal, aptas para dar respuesta a las disímiles ecuaciones sociales que este siglo xxi ha ido estableciendo, en pos de una justicia distributiva a favor de los cuidadores».

EN CONTEXTO

El texto constitucional, proclamado el 10 de abril de 2019, establece en el Capítulo III Las familias, del Título v Derechos, Deberes y Garantías que:

ARTÍCULO 88. El Estado, la sociedad y las familias, en lo que a cada uno corresponde, tienen la obligación de proteger, asistir y facilitar las condiciones para satisfacer las necesidades y elevar la calidad de vida de las personas adultas mayores. De igual forma, respetar su autodeterminación, garantizar el ejercicio pleno de sus derechos y promover su integración y participación social.

ARTÍCULO 89. El Estado, la sociedad y las familias tienen la obligación de proteger, promover y asegurar el pleno ejercicio de los derechos de las personas en situación de discapacidad. El Estado crea las condiciones requeridas para su rehabilitación o el mejoramiento de su calidad de vida, su autonomía personal, su inclusión y participación social.


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(Tomado de Granma )

La otra cara de la dependencia: la protección a los cuidadores familiares

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El envejecimiento demográfico es un fenómeno que supone múltiples desafíos en todos los órdenes, los cuales resultan comunes a todas las sociedades.

De acuerdo con un artículo del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, ya desde 2015 Cuba figuraba, después de Uruguay, como el segundo país de mayor índice de personas de la tercera edad en América Latina y el Caribe.

Las estadísticas también reflejan que, en gran parte de Europa, Norteamérica y en algunos países de América Latina, hay un incremento considerable de las personas de la tercera edad, e incluso mayores de 85 años.

A ello se suma el número de personas en situación de discapacidad, así como el aumento de la cronicidad de las enfermedades, en particular las neurodegenerativas, factores que conducen al incremento de personas dependientes de cuidados.

Sin embargo, los análisis sobre el fenómeno del envejecimiento poblacional siempre han ponderado, con más o menos acierto, los enfoques desde el prisma de aquellos que reciben cuidados, y nunca, o casi nunca, «que no es lo mismo, pero es igual», desde los cuidadores.

La legislación vigente, al decir del doctor Leonardo Pérez Gallardo, presidente de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y de Familia, de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, no contiene ninguna alusión al tema. De ahí que este sea, probablemente, uno de los aspectos novedosos a incorporar en el nuevo Código de las Familias, que podría presentarse ante la Asamblea Nacional del Poder Popular este año.

Después sobrevendrá la consulta popular, el debate con los diputados y la aprobación definitiva, en Referendo, del texto resultante, tal como lo dicta la Disposición Transitoria Decimoprimera de la Constitución.

DE CUIDADOS Y CUIDADORES

Si bien la dependencia no es un fenómeno nuevo, sostiene Pérez Gallardo, «la convergencia de diferentes factores como el envejecimiento demográfico, el aumento de la esperanza de vida y los cambios en la estructura familiar, han propiciado que se convierta en un fenómeno que requiere respuestas urgentes y adecuadas desde los ámbitos políticos, tecnológicos, sociales, sanitarios, sicológicos, familiares, económicos y, por supuesto, jurídicos».

La persona dependiente, explica, requiere de una asistencia por parte de otros durante un periodo prolongado, o sea, no se trata de la atención por una enfermedad puntual, sino que implica la necesidad de asistencia para aquellas actividades de la vida diaria. Estos cuidados, constantes y perdurables, durante un largo lapso han sido denominados cuidados de larga duración, y suponen una provisión de la asistencia con una intensidad progresiva.

Tampoco puede perderse de vista, a juicio de Pérez Gallardo, que las enfermedades crónicas y las discapacidades pueden ir acompañadas de limitaciones funcionales y cognitivas que terminan impidiéndoles a las personas el disfrute de una vida independiente.

Ante situaciones de esta naturaleza, el cuidado familiar adquiere, generalmente, mayor protagonismo. La clave, advierte el también profesor titular de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, está en la disponibilidad física y emocional de una persona para dedicarse con regularidad a la atención de ese familiar, hasta llegar, incluso, a renunciar o disminuir sus capacidades productivas o laborales, en aras de satisfacer las demandas del destinatario de sus servicios.

En Cuba, de acuerdo con el doctor Leonardo Pérez, las tres cuartas partes de la población de la tercera edad, que se encuentra en situación de cuidado, recibe un apoyo de tipo informal, y es la familia la que más contribuye con ello.  Y de esas tres cuartas partes, el 85 % del cuidado informal se presta en el domicilio.

CUIDADORES INFORMALES ¿PROTEGIDOS?

A los cuidadores familiares, asegura el Presidente de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y de Familia, también se les denomina cuidadores informales porque, a diferencia de los cuidadores profesionales, los primeros se dedican al cuidado por un motivo circunstancial, sin conocimientos especializados y sin compensación alguna.

Los cuidadores profesionales, por el contrario, son contratados y reciben una compensación económica por su servicio. Los cuidadores informales, entretanto, lo hacen por altruismo, sobre la base del deber moral que supone cumplir con sus familiares, que en muchas ocasiones son sus propios padres.

Deber moral que, dicho sea de paso y como rezago de una sociedad patriarcal y androcéntrica, suele ser atribuido a las mujeres, ya sea como hijas, esposas o hermanas. Incluso, se ha asumido como «lógico» que sean las mujeres de los hijos las que cuiden a los suegros o suegras, máxime cuando estos no tuvieron descendientes del sexo femenino.

Sin duda, resume Pérez Gallardo, son muchos y variados los riesgos que asumen los cuidadores, pues dicha actividad implica, en el orden personal, renuncia a una vida adecuada; en el orden social, aislamiento y, en el orden profesional, pérdida de su capacidad productiva y hasta abandono, total o parcial, de su proyecto de vida.

Por esa razón, subraya, «se hace necesaria una regulación de los derechos de los cuidadores familiares que permita, desde el ordenamiento jurídico, visibilizarlos, a partir del reconocimiento a su autonomía y dignidad, así como la condena a cualquier forma de manifestación de la violencia familiar o de género contra ellos.

«Urge una legislación que reconozca el derecho a su propio cuidado, a dedicar tiempo para actividades personales, a ser tratados con respeto y a recibir el debido apoyo del resto de los familiares. Se trata de amparar, desde el Derecho, la otra cara del cuidado».

La protección a los cuidadores, reconoce el profesor, «no solo debe ser transversal en el ámbito del Derecho público, sino también desde el Derecho privado, capaz de ofrecer herramientas útiles para compensar el desequilibrio patrimonial asociado al desempeño de la labor de cuidador.

En palabras de Pérez Gallardo, «es necesario poner la mira en aquellas personas que, como cuidadores, han quedado desprotegidas social y económicamente luego de la muerte del receptor de los cuidados. A tal fin, las normas, tanto del Derecho de las familias como del Derecho de sucesiones, pueden ser instrumentos importantes.

«Valdría pensar en alternativas que, sin menguar el altruismo, el afecto, la solidaridad, la entrega y el amor, incentiven el cuidado, compensen el silencio, la sobrecarga emocional y física y faciliten una redistribución equitativa y justa del caudal hereditario».

En ese sentido, puntualiza, «la libertad de testar puede ser una alternativa útil y al alcance de todos. Nadie mejor que el testador para compensar los esfuerzos del cuidador. Y, a falta del ejercicio de la facultad de testar, corresponderá al legislador, según considere a bien, establecer la mejor correlación entre participación en la herencia y atención para con el causante en el ocaso de la vida».

El modelo chino, sugiere, «pudiera ser espejo para las normas sucesorias, a partir del establecimiento de reglas cada vez más flexibles en la sucesión legal, aptas para dar respuesta a las disímiles ecuaciones sociales que este siglo xxi ha ido estableciendo, en pos de una justicia distributiva a favor de los cuidadores».

EN CONTEXTO

El texto constitucional, proclamado el 10 de abril de 2019, establece en el Capítulo III Las familias, del Título v Derechos, Deberes y Garantías que:

ARTÍCULO 88. El Estado, la sociedad y las familias, en lo que a cada uno corresponde, tienen la obligación de proteger, asistir y facilitar las condiciones para satisfacer las necesidades y elevar la calidad de vida de las personas adultas mayores. De igual forma, respetar su autodeterminación, garantizar el ejercicio pleno de sus derechos y promover su integración y participación social.

ARTÍCULO 89. El Estado, la sociedad y las familias tienen la obligación de proteger, promover y asegurar el pleno ejercicio de los derechos de las personas en situación de discapacidad. El Estado crea las condiciones requeridas para su rehabilitación o el mejoramiento de su calidad de vida, su autonomía personal, su inclusión y participación social.


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(Tomado de Granma )

Estudio confirma relación entre estilo de vida y demencia en adultos mayores

Redactado desde el Informativo por:
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Motivados por lo poco que se conoce sobre el tema en los países de América Latina, científicos de prestigiosas instituciones de Cuba, Irlanda y Estados Unidos realizaron una investigación en busca de identificar los factores de riesgo sociodemográficos, de salud y de estilo de vida que inciden en la demencia de los adultos mayores en nuestro archipiélago.

Una información publicada en el periódico Granma destaca que el informe concluyó que algunos factores modificables del estilo de vida que asumen los adultos mayores cubanos desempeñan un papel determinante en el desarrollo de la demencia.

Añade que aportaron sus datos mil 846 participantes al Grupo de Investigación de Demencia 10/66 –creado en 1998, como parte de la Asociación Internacional de Alzheimer–, a quienes se les aplicó cuestionarios, exámenes de salud y pruebas cognitivas en dos momentos: entre 2003 y 2006, y luego, cuatro años y medio después, entre 2007 y 2010.

Señala que a alrededor del 9 % de los adultos mayores desarrolló demencia, cuyo mayor riesgo de aparición se relacionó, de forma general, con la edad avanzada y una baja actividad física.

En las edades de 65 a 74 años se identificaron, además, la depresión y los accidentes cerebrovasculares, y con respecto a quienes tienen 75 años o más, nunca comer pescado y fumar.

Este conocimiento abre oportunidades para estrategias preventivas que aseguren mayor calidad de vida, en un país marcado por el sostenido envejecimiento poblacional, donde el 20,8 % de la población tiene 60 años o más.
 _______________________ 

(ACN)

Estudio confirma relación entre estilo de vida y demencia en adultos mayores

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Motivados por lo poco que se conoce sobre el tema en los países de América Latina, científicos de prestigiosas instituciones de Cuba, Irlanda y Estados Unidos realizaron una investigación en busca de identificar los factores de riesgo sociodemográficos, de salud y de estilo de vida que inciden en la demencia de los adultos mayores en nuestro archipiélago.

Una información publicada en el periódico Granma destaca que el informe concluyó que algunos factores modificables del estilo de vida que asumen los adultos mayores cubanos desempeñan un papel determinante en el desarrollo de la demencia.

Añade que aportaron sus datos mil 846 participantes al Grupo de Investigación de Demencia 10/66 –creado en 1998, como parte de la Asociación Internacional de Alzheimer–, a quienes se les aplicó cuestionarios, exámenes de salud y pruebas cognitivas en dos momentos: entre 2003 y 2006, y luego, cuatro años y medio después, entre 2007 y 2010.

Señala que a alrededor del 9 % de los adultos mayores desarrolló demencia, cuyo mayor riesgo de aparición se relacionó, de forma general, con la edad avanzada y una baja actividad física.

En las edades de 65 a 74 años se identificaron, además, la depresión y los accidentes cerebrovasculares, y con respecto a quienes tienen 75 años o más, nunca comer pescado y fumar.

Este conocimiento abre oportunidades para estrategias preventivas que aseguren mayor calidad de vida, en un país marcado por el sostenido envejecimiento poblacional, donde el 20,8 % de la población tiene 60 años o más.
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(ACN)

¿Por qué nos arrugamos y cómo evitarlo?

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¿Qué dice la ciencia? ¿Qué es lo que hace que envejezca la piel? ¿Hay algo que hacer, sin someterse a la cirugía plástica? ¿Qué causa las arrugas?

Tu epidermis forma la capa exterior de tu piel: una barrera física resistente que protege tu cuerpo del mundo que te rodea.

Tu cuerpo produce en promedio una nueva epidermis entera más o menos cada 60 días. Las células en la superficie de tu piel se descascaran y continuamente son reemplazadas con otras nuevas que están debajo.

A medida que envejeces, la renovación de la epidermis toma más tiempo, por lo que se empiezan a notar cada vez más las marcas de la vejez.

Tu dermis es absolutamente crucial en el proceso de envejecimiento.

Es alimentada por los vasos sanguíneos y contiene el colágeno y las fibras elásticas que mantienen tersa, firme y lisa la piel joven.

La cantidad de colágeno y fibras elásticas en tu dermis disminuye con el paso de los años. Además, pierdes la grasa que está bajo los tejidos de tu piel.

Como resultado, ésta pierde elasticidad, se afloja y empiezas a ver las señales reveladoras de las arrugas.

El colágeno le da a tu piel su fuerza y elasticidad. Forma una compleja red en 3D de fibras.

Hasta más o menos la edad de 40 años, tu cuerpo produce mucho colágeno de manera muy eficiente, pero después de eso, todo es deterioro.

Los fibroblastos son máquinas de producir colágeno. En pieles jóvenes, también halan al colágeno, ayudándole a evitar que tu piel pierda su tersura y firmeza.

Con los años, la producción de colágeno mengua y las conexiones entre los fibroblastos y el colágeno empiezan a fallar.

El resultado es fácil de ver: más arrugas y más profundas.

PROTÉGETE DEL SOL

¿Por qué?

Todos estamos conscientes del riesgo de quemarse con los rayos del Sol, pero ese es sólo uno de los peligros que ese astro representa para nuestra piel.

La luz del Sol contiene diferentes tipos de rayos UV y el efecto que estos tienen depende de su longitud de onda.

Las quemaduras son causadas por los rayos UVB (ultravioleta B), que queman la capa superior de la piel, pero no pueden penetrar hasta la epidermis o dermis.

Los rayos UVA tienen una longitud de onda mucho más larga, por lo que su efecto es más profundo: pueden degradar el colágeno que es el "adhesivo" de nuestro cuerpo, de manera que si se debilita en la piel, salen arrugas.

¿Qué hacer?

Siempre: Usa protector solar.

Pero no sólo cuando estés asoleándote.

Debido a que tienen una longitud de onda larga, los rayos UVA pueden traspasar vidrio, lo que quiere decir que el envejecimiento de tu piel puede estarse acelerando cuando conduces hacia la oficina o te sientas al lado de una ventana.

Asegúrate de que la botella de tu protector solar tenga cinco estrellas de protección contra los rayos UVA.

Come los alimentos correctos. Porque sólo respirar nos arruga.

¿Por qué?

Cada vez que respiras, una fracción diminuta del oxígeno que inhalas entra en tus células y ataca tu ADN.

Esas moléculas de oxígeno son conocidas como radicales (antes radicales libres). El daño que causan, especialmente a los fibroblastos productores de colágeno en tu piel, se acumula con el tiempo. Y causa arrugas.

¿Qué hacer?

Necesitamos respirar, así que por ese lado no hay opción.

Pero los científicos están convencidos de que si uno se alimenta de cierta manera puede reducir el daño que causan los radicales.

Estás son unas reglas claves a seguir:

Regla 1: Escoge colores vibrantes

Los tomates, por ejemplo, son una excelente fuente de un poderoso antioxidante llamado licopeno, que es el que le da su color distintivo y es también bueno para prevenir el estrés oxidativo que acelera el envejecimiento.

Regla 2: Decántate por frutas y vegetales con sabor amargo

Vegetales como el brócoli o los rábanos son una fuente rica de un tipo de antioxidante llamado glucosinolato. Consumir este tipo de ingredientes puede potenciar las defensas naturales de la piel.

Regla 3: Como mucho pescado azul o graso

El ingrediente vital en el pescado azul o graso como el salmón, las sardinas o el arenque, es Omega 3. Este ácido graso amortigua la inflamación en las células de la piel, lo que también ayuda a lentificar el estrés oxidativo.

Otros factores, como fumar, también pueden acelerar el envejecimiento de la piel.

Vigila el azúcar en tu sangre

¿Por qué?

Los científicos que exploran el vínculo entre el azúcar en la sangre y el envejecimiento de la piel han descubierto que la gente con altos niveles de glucosa se ven hasta dos años más viejos de lo que son.

¿Qué pasa? El exceso de azúcar en nuestra sangre se pega al colágeno en nuestra piel y hace que este último se vuelva más quebradizo, lo que implica que el proceso de reparación de la piel se torna más dificultoso. ¿El resultado? Más arrugas.

¿Qué hacer?

Nada demasiado drástico.

El azúcar sanguíneo se produce naturalmente cuando uno digiere comida y es una parte esencial del proceso con el que el cuerpo adquiere la energía que necesita para funcionar.

Pero al hacer ejercicio regularmente y cortar la cantidad de carbohidratos que comes puedes ayudar a evitar que los niveles de azúcar en tu sangre sean altos y las implicaciones asociadas con el envejecimiento de tu piel.

Si tienes una condición médica prexistente como diabetes, consulta a tu doctor.

El paso de los años en la piel cuentan cada pedazo de vida a su manera y según los cuidados.

¿Por qué puedes sentirte de 40 años a los 20?

Las reuniones esporádicas con los antiguos compañeros de escuela suelen ser una fuente de sorpresas.

Pero quizás la más grande es que nos hacen caer en cuenta, en el peor de los casos, lo viejos que estamos y en el mejor, lo bien que nos mantenemos en comparación con nuestros pares.

Y aunque parezca una verdad de Perogrullo, recién ahora un estudio confirmó que la gente envejece a ritmos radicalmente diferentes.

¿A qué edad se alcanza la plenitud de la vida?

Tras analizar 18 marcadores fisiológicos -entre los que se incluyeron presión sanguínea, metabolismo, nivel del colesterol, función renal y salud de las encías- en individuos de 38 años, los investigadores notaron que si bien la mayoría mostraba una edad biológica similar a su edad cronológica, muchos tenían una edad biológica de alrededor de 50 años, mientras que otros tenían los signos vitales de un veinteañero.

En un caso que describieron como extremo la edad biológica del individuo en cuestión fue de 61.

Pérdida temprana de capacidades cognitivas

El estudio siguió el desarrollo de alrededor 1.000 personas nacidas entre 1972 y 1973 en la misma ciudad de Nueva Zelanda, y recabó información cuando el grupo alcanzó los 26, 32 y 38 años.

Los científicos analizaron 18 marcadores biológicos en cerca de 1.000 individuos nacidos entre 1972 y 1973.

Mientras que algunos parecían haber dejado de envejecer durante el período del estudio, otros fueron ganando alrededor de tres años por año cumplido.

Por otra parte, los autores del estudio publicado en la revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), observaron que quienes envejecían a mayor velocidad, mostraban un peor desempeño en pruebas cognitivas.

"Ya, incluso antes de llegar a la mediana edad, los individuos que envejecían más rápido tenían menos capacidades físicas, manifestaban decadencia cognitiva, envejecimiento cerebral, y se los veía mayores", señala el estudio.

También ellos mismos se percibían como menos saludables.

Si bien aún falta perfeccionar la metodología y determinar cómo factores como el estilo de vida, la historia médica, las circunstancias familiares y los eventos traumáticos afectan el ritmo de envejecimiento, los resultados muestran que es posible cuantificar la velocidad a la que envejecen las personas jóvenes.

Sociedad igualitaria

Los investigadores creen que determinar la edad biológica de manera objetiva puede servir para crear una sociedad más justa.

En opinión de Daniel Belsky, investigador de la Universidad Duke de Carolina del Norte, en Estados Unidos, y coautor del estudio, la investigación demuestra que se pueden usar marcadores biológicos para medir el proceso de envejecimiento en personas que son muy jóvenes para sufrir enfermedades vinculadas a la edad.

Una medición objetiva de la edad biológica, afirma Belsky, puede utilizarse para evaluar la efectividad de nuevas terapias para minimizar los efectos del envejecimiento.

Además, añade Terrie Moffitt, otra de las autoras del estudio de la Universidad Duke, "si sabemos más sobre la edad biológica podemos ser más igualitarios y justos".

La edad de jubilación, por ejemplo, puede resultar injusta para quienes están en su mejor momento cuando les llega la hora de retirarse.


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 (Tomado de BBC, iWonder )

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¿Qué dice la ciencia? ¿Qué es lo que hace que envejezca la piel? ¿Hay algo que hacer, sin someterse a la cirugía plástica? ¿Qué causa las arrugas?

Tu epidermis forma la capa exterior de tu piel: una barrera física resistente que protege tu cuerpo del mundo que te rodea.

Tu cuerpo produce en promedio una nueva epidermis entera más o menos cada 60 días. Las células en la superficie de tu piel se descascaran y continuamente son reemplazadas con otras nuevas que están debajo.

A medida que envejeces, la renovación de la epidermis toma más tiempo, por lo que se empiezan a notar cada vez más las marcas de la vejez.

Tu dermis es absolutamente crucial en el proceso de envejecimiento.

Es alimentada por los vasos sanguíneos y contiene el colágeno y las fibras elásticas que mantienen tersa, firme y lisa la piel joven.

La cantidad de colágeno y fibras elásticas en tu dermis disminuye con el paso de los años. Además, pierdes la grasa que está bajo los tejidos de tu piel.

Como resultado, ésta pierde elasticidad, se afloja y empiezas a ver las señales reveladoras de las arrugas.

El colágeno le da a tu piel su fuerza y elasticidad. Forma una compleja red en 3D de fibras.

Hasta más o menos la edad de 40 años, tu cuerpo produce mucho colágeno de manera muy eficiente, pero después de eso, todo es deterioro.

Los fibroblastos son máquinas de producir colágeno. En pieles jóvenes, también halan al colágeno, ayudándole a evitar que tu piel pierda su tersura y firmeza.

Con los años, la producción de colágeno mengua y las conexiones entre los fibroblastos y el colágeno empiezan a fallar.

El resultado es fácil de ver: más arrugas y más profundas.

PROTÉGETE DEL SOL

¿Por qué?

Todos estamos conscientes del riesgo de quemarse con los rayos del Sol, pero ese es sólo uno de los peligros que ese astro representa para nuestra piel.

La luz del Sol contiene diferentes tipos de rayos UV y el efecto que estos tienen depende de su longitud de onda.

Las quemaduras son causadas por los rayos UVB (ultravioleta B), que queman la capa superior de la piel, pero no pueden penetrar hasta la epidermis o dermis.

Los rayos UVA tienen una longitud de onda mucho más larga, por lo que su efecto es más profundo: pueden degradar el colágeno que es el "adhesivo" de nuestro cuerpo, de manera que si se debilita en la piel, salen arrugas.

¿Qué hacer?

Siempre: Usa protector solar.

Pero no sólo cuando estés asoleándote.

Debido a que tienen una longitud de onda larga, los rayos UVA pueden traspasar vidrio, lo que quiere decir que el envejecimiento de tu piel puede estarse acelerando cuando conduces hacia la oficina o te sientas al lado de una ventana.

Asegúrate de que la botella de tu protector solar tenga cinco estrellas de protección contra los rayos UVA.

Come los alimentos correctos. Porque sólo respirar nos arruga.

¿Por qué?

Cada vez que respiras, una fracción diminuta del oxígeno que inhalas entra en tus células y ataca tu ADN.

Esas moléculas de oxígeno son conocidas como radicales (antes radicales libres). El daño que causan, especialmente a los fibroblastos productores de colágeno en tu piel, se acumula con el tiempo. Y causa arrugas.

¿Qué hacer?

Necesitamos respirar, así que por ese lado no hay opción.

Pero los científicos están convencidos de que si uno se alimenta de cierta manera puede reducir el daño que causan los radicales.

Estás son unas reglas claves a seguir:

Regla 1: Escoge colores vibrantes

Los tomates, por ejemplo, son una excelente fuente de un poderoso antioxidante llamado licopeno, que es el que le da su color distintivo y es también bueno para prevenir el estrés oxidativo que acelera el envejecimiento.

Regla 2: Decántate por frutas y vegetales con sabor amargo

Vegetales como el brócoli o los rábanos son una fuente rica de un tipo de antioxidante llamado glucosinolato. Consumir este tipo de ingredientes puede potenciar las defensas naturales de la piel.

Regla 3: Como mucho pescado azul o graso

El ingrediente vital en el pescado azul o graso como el salmón, las sardinas o el arenque, es Omega 3. Este ácido graso amortigua la inflamación en las células de la piel, lo que también ayuda a lentificar el estrés oxidativo.

Otros factores, como fumar, también pueden acelerar el envejecimiento de la piel.

Vigila el azúcar en tu sangre

¿Por qué?

Los científicos que exploran el vínculo entre el azúcar en la sangre y el envejecimiento de la piel han descubierto que la gente con altos niveles de glucosa se ven hasta dos años más viejos de lo que son.

¿Qué pasa? El exceso de azúcar en nuestra sangre se pega al colágeno en nuestra piel y hace que este último se vuelva más quebradizo, lo que implica que el proceso de reparación de la piel se torna más dificultoso. ¿El resultado? Más arrugas.

¿Qué hacer?

Nada demasiado drástico.

El azúcar sanguíneo se produce naturalmente cuando uno digiere comida y es una parte esencial del proceso con el que el cuerpo adquiere la energía que necesita para funcionar.

Pero al hacer ejercicio regularmente y cortar la cantidad de carbohidratos que comes puedes ayudar a evitar que los niveles de azúcar en tu sangre sean altos y las implicaciones asociadas con el envejecimiento de tu piel.

Si tienes una condición médica prexistente como diabetes, consulta a tu doctor.

El paso de los años en la piel cuentan cada pedazo de vida a su manera y según los cuidados.

¿Por qué puedes sentirte de 40 años a los 20?

Las reuniones esporádicas con los antiguos compañeros de escuela suelen ser una fuente de sorpresas.

Pero quizás la más grande es que nos hacen caer en cuenta, en el peor de los casos, lo viejos que estamos y en el mejor, lo bien que nos mantenemos en comparación con nuestros pares.

Y aunque parezca una verdad de Perogrullo, recién ahora un estudio confirmó que la gente envejece a ritmos radicalmente diferentes.

¿A qué edad se alcanza la plenitud de la vida?

Tras analizar 18 marcadores fisiológicos -entre los que se incluyeron presión sanguínea, metabolismo, nivel del colesterol, función renal y salud de las encías- en individuos de 38 años, los investigadores notaron que si bien la mayoría mostraba una edad biológica similar a su edad cronológica, muchos tenían una edad biológica de alrededor de 50 años, mientras que otros tenían los signos vitales de un veinteañero.

En un caso que describieron como extremo la edad biológica del individuo en cuestión fue de 61.

Pérdida temprana de capacidades cognitivas

El estudio siguió el desarrollo de alrededor 1.000 personas nacidas entre 1972 y 1973 en la misma ciudad de Nueva Zelanda, y recabó información cuando el grupo alcanzó los 26, 32 y 38 años.

Los científicos analizaron 18 marcadores biológicos en cerca de 1.000 individuos nacidos entre 1972 y 1973.

Mientras que algunos parecían haber dejado de envejecer durante el período del estudio, otros fueron ganando alrededor de tres años por año cumplido.

Por otra parte, los autores del estudio publicado en la revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), observaron que quienes envejecían a mayor velocidad, mostraban un peor desempeño en pruebas cognitivas.

"Ya, incluso antes de llegar a la mediana edad, los individuos que envejecían más rápido tenían menos capacidades físicas, manifestaban decadencia cognitiva, envejecimiento cerebral, y se los veía mayores", señala el estudio.

También ellos mismos se percibían como menos saludables.

Si bien aún falta perfeccionar la metodología y determinar cómo factores como el estilo de vida, la historia médica, las circunstancias familiares y los eventos traumáticos afectan el ritmo de envejecimiento, los resultados muestran que es posible cuantificar la velocidad a la que envejecen las personas jóvenes.

Sociedad igualitaria

Los investigadores creen que determinar la edad biológica de manera objetiva puede servir para crear una sociedad más justa.

En opinión de Daniel Belsky, investigador de la Universidad Duke de Carolina del Norte, en Estados Unidos, y coautor del estudio, la investigación demuestra que se pueden usar marcadores biológicos para medir el proceso de envejecimiento en personas que son muy jóvenes para sufrir enfermedades vinculadas a la edad.

Una medición objetiva de la edad biológica, afirma Belsky, puede utilizarse para evaluar la efectividad de nuevas terapias para minimizar los efectos del envejecimiento.

Además, añade Terrie Moffitt, otra de las autoras del estudio de la Universidad Duke, "si sabemos más sobre la edad biológica podemos ser más igualitarios y justos".

La edad de jubilación, por ejemplo, puede resultar injusta para quienes están en su mejor momento cuando les llega la hora de retirarse.


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 (Tomado de BBC, iWonder )

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