Pocos, seguramente poquísimos. El progreso de los movimientos básicos y primarios como gatear, sentarse, caminar, correr, saltar, son adquisiciones fundamentales en este período que constituyen base para el posterior perfeccionamiento de capacidades motoras más complejas.
El niño o niña al igual que todas las personas, necesita desde los primeros días de nacido la comunicación con los suyos, especialmente su madre. Esta necesidad es muy fuerte en el primer año de vida, por eso cuando llora por hambre, porque está mojado o por cualquier otra razón, debe ser atendido con cariño. La solicitud a sus necesidades, el tono de voz adecuado, las caricias y expresiones de afecto lo hacen sentirse seguro y lo ayudan a esperar la respuesta a su llamado
Para ello hay que establecer diálogos con el niño o niña. Hablarle, mirándole a los ojitos, sonreírle, no abrumarlo de caricias sofocantes, pero en cambio hacerlo sentir parte de la familia, integrante del hogar aunque todavía no pueda expresarse más que a través de sonrisas o pequeños balbuceos. Así, arrancando desde la más tierna infancia se acostumbrará a expresar sus sentimientos, a no encerrarse en sí mismo, a comunicarse con sus semejantes, a entablar más adelante esa imperiosa conversación
Muchos psicopedagogos buscan el origen de profundas neurosis en estas primeras edades de vida en los que el menor puede ser fácilmente tratado como un objeto precioso, si, pero no exactamente un ser humano.











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