La zona cársica enmarcada entre el litoral y la costanera sur de la Ciénaga se constituyó en puente natural para tres regiones insurgentes del sur cubano: Cienfuegos – Matanzas – Habana; estrechas veredas perpendiculares permitían las incursiones desde aquí hacia la costanera norte. El Mégano (Médano), que desde lejanos tiempos ha permitido la comunicación entre Jagua y la Bahía de Cochinos y de ésta – por el camino real de la Ciénaga – hasta Santo Cristo de los Maneaderos, de donde se puede arribar a la ensenada de la Broa, para desembarcar en la costa habanera por la Playa El Caimito o franqueando la desembocadura del bello río Hatiguanico; constituyeron vías muy utilizadas por las huestes mambisas para llevar la antorcha de rebeldía hasta las indecisas regiones occidentales.
Un ejemplo fue el intento del General Luis de la Maza Arredondo y su ayudante Rafael Fernández de Cueto de revolucionar La Habana en 1870, en el cual fueron apresados y fusilados en Batabanó ambos patriotas.
Jagüey Grande – el terruño occidental más apegado a la antorcha libertadora – observó con orgullo, como el 10 de Febrero de 1869 el patriota Narciso Pérez Amador izaba nuestra enseña nacional. Alrededor de 150 “bravos cubanos" conformaron aquella tropa que dirigida por Gabriel Menocal y el coronel mexicano José Inclán, poseen el enorme significado de haber convertido esta localidad, en la primera que fue ocupada por el Ejército Libertador de Cuba en occidente.
Después los rebeldes se retiraron y la respuesta indecorosa española no se hizo esperar – 800 asesinados fue el saldo de la represión en la zona – a pesar de ello, Inclán continuó combatiendo aquí, al organizar la llamada “Columna de operaciones de Jagüey Grande” hasta bien entrado el año 1869.
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( Historiador de la Ciénaga de Zapata y Msc Julio A Amorín Ponce)











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