La Habana, 12 oct (ACN) Aunque el Primer Ministro Manuel Marrero
anunció que como parte de la nueva normalidad a partir de ahora las
habituales conferencias de prensa del Ministerio de Salud Pública serán
los viernes, ello no quiere decir que el doctor Francisco Durán tome un
descanso como muchos cubanos desearían, pues además de aclarar que
contra la COVID-19 no hay tregua pidió al pueblo un papel más activo.
Realmente sorprende conocer que desde el 17 de marzo y hasta el 11 de
octubre se realizaron 216 de esas comparecencias radiales y televisivas,
siempre muy esperadas por la población, las instituciones del Estado,
los medios de comunicación y no pocos cibernautas, quienes en las redes
sociales publicarían los principales resultados o llamados de alerta del
director nacional de Epidemiología del MINSAP.
Secundado por un
grupo de especialistas y funcionarios de ese y otros organismos e
instituciones, además de informar el profesor Durán ha sabido orientar
al pueblo, transmitir confianza y seguridad, esclarecer dudas y frenar
bolas, dar consejos tal cual un padre a su hijo, y responder complejas
preguntas llegadas incluso de otras latitudes.
Hemos visto
además, con cuánta tristeza ha anunciado cada fallecimiento -y reiterado
las condolencias a familiares y amigos-, o cuando ha explicado la
complicación de un paciente al pasar al estado crítico, y su alegría
cuando las altas hospitalarias del día han sobrepasado los ingresos o al
destacar aquellos territorios sin casos positivos durante semanas, por
citar algunos ejemplos.
Pero en la inmensa mayoría de las veces
el doctor Durán no ha dejado de insistir en el cuidado y protección de
los niños y abuelos, los más vulnerables a la COVID-19, en la
autorresponsabilidad individual y colectiva, en velar por el
cumplimiento de los protocolos establecidos para prevenir y enfrentar la
epidemia, en la necesidad de que cada pesquisa y cuantas tareas se
orienten se hagan con rigor, exigencia, calidad y sin confiarnos en los
resultados por alentadores que sean.
Quizá este sea el momento
más peligroso y en el cual cumplir estrictamente las medidas
higiénico-sanitarias adquiere mayor valor, porque bajan las cifras y las
personas se confían y tienden a relajarse, a protegerse menos, sin
tomar en cuenta que hay personas infectadas, muchas sin síntomas,
difíciles de identificar y que no acuden al médico, pero están
trasmitiendo el virus, señaló el viernes pasado el director nacional de
Epidemiología.
No se trata de seguir enclaustrados ni de vivir
con miedo, pero sí de actuar con moderación, tomando todas las
precauciones y cuidándose, para no volver atrás, acotó entonces.
En estos más de siete meses transcurridos bien pronto muchos
comprendimos la vital necesidad de sus conferencias de prensa no sólo
para actualizarnos sobre cómo cada día habían amanecido Cuba y el mundo
en este combate por la vida, sino también con vistas a promover
educación para la salud, nuevos estilos de vida y formas de pensar y de
actuar, en aras de evitar mayores consecuencias y daños.
Fue así
como muchas personas llegaron a familiarizarse con el carismático
doctor y su excelente manera de comunicar, y bastó un día que se
ausentara para que en las redes sociales, en la calle y los hogares
cubanos se creara cierto revuelo.
Ahora no lo veremos todos los
días, sino los viernes, y ojalá cada mañana al recordarlo seamos
consecuentes con lo que él mismo ha pedido a la población en cuanto al
comportamiento a seguir a partir de este 12 de octubre, en que el país
entra en la nueva normalidad.
Contamos con la participación del
pueblo, sabemos que va a tener un papel activo; no podemos dejar que se
vaya de las manos lo que con tanto sacrificio de nuestro Partido,
nuestro gobierno, nuestra economía y de nuestros trabajadores de la
salud se ha ido logrando. Que ese aplauso de las nueve (de la noche) se
convierta en cumplimiento de las medidas orientadas, pidió este domingo
el querido y prestigioso epidemiológo.
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( ACN)











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