Que no siempre haya suficiente y adecuada reacción frente a las violencias machistas –de las más sutiles a las más evidentes-- se debe en parte a que todavía falta implementar mecanismos más eficaces para prevenir y atender esos actos, y también a que transcurran como algo natural, que no podemos cambiar.
El desconocimiento sobre los modos en que se producen y reproducen las violencias machistas y la permanencia de mitos y falsos criterios que inadecuadamente las solapan y justifican desde el imaginario social colaboran mucho en ello.
Diversos estudios acerca de esos imaginarios advierten que los preceptos machistas y sus múltiples expresiones habitan en personas de diferentes edades, profesiones e instrucción. También entre las propias mujeres, conscientes o no de estar atrapadas en esas dinámicas machistas que no alcanzan a reconocer.
Así lo ratifica igualmente una exploración sobre representaciones sociales de la violencia de género en un grupo de 25 mujeres entre 25 y 50 años de edad, residentes en Centro Habana, uno de los más populosos municipios de la capital cubana.
Una de las conclusiones de la autora, la psicóloga Marais del Río Martín, es que “existe un desconocimiento generalizado acerca de la violencia de género relacionado, en mayor medida, con la concepción y las causas que existen de trasfondo en este tipo de violencia y que pueden dar una explicación de su origen y persistencia.”
Las “representaciones sociales de la violencia de género de las mujeres entrevistadas no se vinculan con el desequilibrio de poder que históricamente ha caracterizado las relaciones entre hombres y mujeres, sino con múltiples factores relacionados con las características personológicas del victimario y el medio social en que se desenvuelve”, advierte la especialista en un resumen de su trabajo publicado en la revista Sexología y Sociedad, que edita el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).
Por ejemplo, entre las características asociadas al agresor, identificaron “la falta de respeto y consideración”, la “falta de educación”, la “falta de comunicación que provoca que las personas dejen de entenderse y se maltraten”, entre otras expresiones.
También atribuyen algunas veces estas actuaciones masculinas violentas a problemas de salud mental, como referir que “tiene algún trauma, algo que superar, y simplemente se desquita con alguien”, o “tiene trastornos de la personalidad”.
Sin bien la mayoría no percibió el desequilibrio de poder como verdadera causa de la violencia, una minoría sí la entendió desde las diferencias y la distribución asimétrica de poder que existe en la sociedad, relacionada con la cultura patriarcal y el carácter marcadamente machista que tiene de trasfondo, agrega Del Río Martín.
Solo dos mujeres del grupo consideraron la asignación de roles diferentes a mujeres y hombres como una forma de violencia de género, al perpetuar la discriminación y la inferioridad de la mujer, expropiar a esta del ámbito público y confinarla al privado. En ese sentido, refirieron que se asocia a las mujeres con roles orientados a la familia y el cuidado. La manifestación de violencia de género más reconocida por el grupo de estudio fue la física, aunque aludieron también a la psicológica, la sexual y la económica.
Las entrevistadas por la experta, integrante del Grupo de Ciencia e Innovación Tecnológica del Cenesex, reconocen la persistencia y gravedad del problema para la salud y bienestar de las mujeres en situación de violencia y señalaron diversas repercusiones que van desde las huellas psicológicas hasta la muerte.
Sin embargo, primó un desconocimiento generalizado sobre la violencia de género. Lo que dificulta su reconocimiento, a la vez que permea y debilita la posibilidad de afrontamiento y contención, sostiene Del Río Martín.
La experta plantea que, para subvertir las violencias machistas, “no es suficiente un cambio desde las estructuras político-sociales”.
Y agrega que hace falta seguir promoviendo acciones de mayor alcance, “que fomenten nuevas prácticas, popularicen saberes y posibiliten, a su vez, la reconfiguración de mentalidades, esquemas, identidades, rasgos de la personalidad y representaciones sociales centradas en valores como el respeto, la igualdad, la tolerancia y la ayuda mutua, de tal forma que se promueva la equidad de género y se garanticen espacios libres de violencia para mujeres y hombres”.

http://www.mujeres.co.cu/art.php?MTQ0MDM=










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