De abril no solo hemos de acordarnos. Abril hay que vivirlo
y es lo que hacemos ahora mismo, envueltos como estamos todos en una epopeya,
tan o más monumental que esa otra, que en la mente y el corazón de los cubanos
se resume en cinco letras: Girón.
Cincuenta y nueve años se cumplen de los bombardeos, del
Fidel escrito con sangre joven, de la proclamación del carácter socialista de
la Revolución cubana, la invasión mercenaria y la victoria formidable de la
moral, la razón y las ideas, más que de las propias armas, en las arenas de
Playa Girón.
Recordar aquel abril supone, ante todo, rendir tributo a
quienes combatieron y hasta ofrendaron sus vidas en defensa de la Revolución
Socialista, cuando la mayoría del pueblo ni siquiera tenía claro qué
significaba ese “apellido”, aunque nada malo podía ser, si lo decía el
Comandante y la palabra hacía rabiar al Imperio.
Bien sabemos lo que nos jugamos en aquellas 72 horas
cruciales, lo que pudo perderse y en Girón fue preservado, porque es la obra de
estos años, perfectible, sí, pero gigantesca, que ni los más soñadores podían
entonces imaginar, sencillamente porque en ese tiempo todo estaba por hacer, y
esto multiplica hasta el infinito la grandeza y valía de la gesta y de sus
protagonistas.
Mirémonos en el espejo de otros, contemplemos este
pandemónium de planeta -lo era ya antes de la embestida del SARS-CoV-2, ojalá
no siga siéndolo después-, y preguntémonos qué habría sido de Cuba y cómo sería
todo hoy para nosotros sin aquella victoria, fulminante y demoledora, 59
abriles atrás.
En el apogeo de la COVID-19 vale repetir lo dicho mil veces:
ese Socialismo proclamado entonces como cauce e inexorable destino de la
Revolución es nuestra principal fortaleza. El sistema socialista, sí, con todo
lo que implica en términos de igualdad, solidaridad, justicia, preocupación por
el ser humano. El Socialismo y cada conquista, la obra edificada y compartida
con los demás pueblos.
Y si eso que tanto teme y odia el imperialismo, resulta
nuestra más grande fortaleza, el legado y ejemplo de Fidel son el bunker mayor
para resistir, enfrentar y vencer cualquier agresión, lo mismo de un virus
asesino, que de ese otro “bicho” malo, el peor de los césares de la Nueva Roma,
que ya no sabe qué hacer ni que sanciones imponer y mentiras urdir, para tratar
de destruirnos.
La epopeya de Girón vive en nosotros. Es parte lo que somos,
de nuestra esencia. Lo que fue está en lo que es, sentenció José Martí. Y son
estas, también, palabras suyas: “De amar las glorias pasadas se sacan fuerzas
para adquirir las glorias nuevas”.
Las de hoy las están ganando a pulso nuestros trabajadores
de la Salud y de las Ciencias, con el corazón henchido y tan empinado, como
aquellos fusiles que hace 59 años, puños milicianos alzaron para dejar claro
que no había, como no hay ni habrá, vuelta atrás.
Guapeando -como se dice en buen cubano- también están el
estudiante, la trabajadora social y cuantos tocan a diario a nuestra puerta
para saber cómo andamos o ayudar al necesitado; los que garantizan la
producción y distribución de productos indispensables, la limpieza e higiene en
las comunidades, la información y las comunicaciones, el mantenimiento del
orden, el cumplimiento de cada medida dispuesta por el bien de todos, la
defensa de la Patria.
Para que nada esencial deje de hacerse miles llevan semanas
sin ir a casa o abandonan cada día el refugio del hogar para jugársela contra
un enemigo invisible. Y cuando en la televisión o en las redes sociales
aparecen los rostros de estos héroes, vemos que muchos, muchísimos, son
jóvenes.
En ellos confió siempre el Comandante en Jefe, que a la
eternidad marchó, seguro de que jamás fallarán. Y han vuelto a darle la razón.
De sus energías, voluntad, altruismo, talento, capacidad de entrega, alegría,
pureza, espíritu emprendedor, ímpetu, firmeza y mucho más dan fe estos casi 40
días de combate, fronteras adentro, contra la COVID-19
Así ha de ser. Eso es la continuidad. De sus hijos, y en
especial, de sus jóvenes, Cuba necesitará siempre ser amada con la pasión
inmensa, total, de los héroes y mártires de Playa Girón. Amada por sus virtudes
y a pesar de sus defectos. Amada bien y tanto, como para dar la vida, pero,
sobre todo, para vivir, trabajar, luchar por ella y salvarla, incluso de
nosotros, de nuestros yerros e imperfecciones.
Definitivamente, los tiempos heroicos no quedaron atrás ni
la Revolución es un acontecimiento histórico del pasado. La epopeya continúa,
seguimos haciéndola, conjugándola en presente, incluso desde la retaguardia,
los que ahora mismo permanecemos en casa, haciendo las cosas bien, cuidándonos
para cuidar de todos.
Y aunque, entre todos los peligros, dificultades,
situaciones extremas y contingencias que hemos enfrentado los cubanos, es este
probablemente el más grave y complicado, igual viviremos y venceremos. No hay
en esta tierra -como no hubo en abril de 1961- espacio para la derrota.
(tomado de Agencia Cubana de Noticias. 17 de abril de 2020.)











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