Homenaje a una madre de papel en tiempos de
coronavirus
Juan Alberto González Machado (20 de abril de 2020.)
Los cubanos
somos un pueblo privilegiado. Pocos en el mundo tienen tantas madres como nosotros.
Por eso, no comparto esa frase egoísta que dice: ¨Madre es una sola: la mía¨;
pues, además de la propia, tenemos a la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba y
protectora de todos los cubanos, creyentes o no. Tenemos a Mariana Grajales, la
madre de la patria, que nos amantó con su savia de ternura y decoro; y tenemos
a la Alma Máter, que desde las universidades nos nutre con el alimento
espiritual del conocimiento.


Sin embargo, tenemos también a otra Madre Nutricia que bien pudiera considerarse nuestra Reina Madre, justa y perseverante, que provee el sustento diario, el pan nuestro de cada día, a una heterogénea prole de más de once millones de hijos en todo el país: la libreta de la comida, según el habla popular; libreta de control de abastecimientos, su nombre original, (de racionamiento, según nuestros enemigos), o tarjeta de ¨control de venta para productos alimenticios¨, su nombre oficial actual.
Hija legítima de un señor llamado Mincin, y nacida después del triunfo de la Revolución hace casi 60 años, tuvo otras hermanas y parientes cercanos que no sobrevivieron a la crisis del Período Espacial a principio de la década de los años 90, como la libreta de ¨control de ventas para productos industriales¨ (para hombres y para mujeres), la cual evolucionó en su diseño con dos variantes: primero con casillas y luego con cupones, así como la libreta de control de canastilla pre-natal y los antiguos bonos para la adquisición de equipos electrodomésticos.


Hasta ella misma casi perece en esa contienda, aunque solo se puso un poco más delgada, pues perdió algunas páginas de su cuerpo. Pero nunca fue más útil y oportuna que cuando arreció la escasez de todo tipo de provisiones, incluyendo el papel del cual ella se nutre y rejuvenece radiante cada año.
Lo cierto es
que, con el paso del tiempo, se ha convertido en un personaje ya histórico, que
nos acompaña fielmente en las buenas y en las malas. Venerada por la mayoría de
los cubanos, ella ha sido nuestra benefactora en los tiempos difíciles, obrando
verdaderos milagros para garantizar de manera sostenida y ordenada la
distribución de alimentos y otros suministros a sus hijos, sin preferencias
individuales.
Tan justa
fue que, cuando la caña se puso a tres trozos, decidió proteger de manera
diferenciada a sus hijos más vulnerables y a los que más aportan a la causa
común desde sus respectivos puestos de trabajo, particularmente a las mujeres
que no podían hacer colas, priorizándolos con la ayuda de uno de sus parientes
más cercanos, el polémico y ya desaparecido Plan Java.
Cuando la situación empezó a mejorar gradualmente, muchos ingratos abogaron por su sepultura; pero, irónicamente, hoy resurge de sus propias cenizas como el Ave Fénix, convirtiéndose por derecho propio en la principal protagonista de las numerosas y nutridas colas ¨de nuevo tipo¨ que proliferan en nuestras bodegas, mercados y otras unidades de la red comercial del país.
El solo hecho de poseer su propia libreta le proporciona a cada hogar cubano una placentera sensación de seguridad, de legitimación y de reconocimiento oficial; a tal punto que, con frecuencia, se ha pretendido utilizarla incluso como documento de identificación personal, algo que ella niega rotundamente desde su portada. Ser el Jefe de Núcleo le otorga al hombre de la casa un determinado nivel de autoridad y estatus social, de ¨cabeza de familia¨, con facultades únicas para decidir quién puede o no formar parte del clan familiar.
A diferencia
de muchos humanos, con cierta frecuencia nuestra libreta es objeto de disputas
familiares por su posesión exclusiva, pues todos temen dejarla y quedarse al
garete, como herejes, sin su maternal protección, ya que no perdona el regreso
después de tres meses de haberla abandonado. Y a ella le duele cuando alguna funcionaria
de la Oficoda, su institución natal, rasga la piel de sus entrañas con un lápiz
de color rojo para darle de baja a cualquiera de sus hijos que abandone el
hogar para vivir con otra familia, donde será adoptado por otra de sus
hermanas.

Los hijos más agradecidos acostumbran a vestirla con vistosos trajes, llamados forros, confeccionado cuidadosamente a mano con todo tipo de materiales, preferentemente con placas de celuloides de radiografías, decolorados con agua de lluvia y bellamente decorados con atractivos motivos en hilos de diferentes colores.

Los hijos más agradecidos acostumbran a vestirla con vistosos trajes, llamados forros, confeccionado cuidadosamente a mano con todo tipo de materiales, preferentemente con placas de celuloides de radiografías, decolorados con agua de lluvia y bellamente decorados con atractivos motivos en hilos de diferentes colores.
Generación
tras generación, la libreta no solo ha logrado sobrevivir milagrosamente, sino
que su autoridad se ha ido fortaleciendo de tal manera que ya hoy controla
desde la distribución de almohadillas sanitarias en las farmacias hasta la
venta de los más disímiles productos de primera necesidad en tiendas, mercados,
placitas y hasta en establecimientos que operan en divisas.
Su contribución al enfrentamiento al nuevo coronavirus es evidente y decisiva: garantiza que todos por igual tengamos acceso de manera segura y equitativa no solo a los productos normados de la canasta básica, sino también a otros de nueva incorporación, como los módulos de aseo, tan necesarios para poder implementar las medidas higiénico-sanitarias indicadas por las máximas autoridades del país.
Su contribución al enfrentamiento al nuevo coronavirus es evidente y decisiva: garantiza que todos por igual tengamos acceso de manera segura y equitativa no solo a los productos normados de la canasta básica, sino también a otros de nueva incorporación, como los módulos de aseo, tan necesarios para poder implementar las medidas higiénico-sanitarias indicadas por las máximas autoridades del país.
De esa
manera, ella ayuda a evitar el hacinamiento y la aglomeración de personas en
las colas, ese popular invento cubano que hoy adquiere nuevas dimensiones
longitudinales al cumplirse con el distanciamiento físico de más de seis pies de
separación entre unos y otros, como recomiendan las autoridades sanitarias.
Cuestionada
y discriminada por nuestros enemigos, incluyendo los de adentro, ella ha sido
objeto de burlas y chistes malintencionados, pero la realidad es que la libreta
de abastecimiento ha pasado a ser parte insoslayable de nuestras tradiciones culturales
y del folclor cubano.
No por gustos, el más fiel y devoto de sus hijos, Pánfilo Epifanio, jocosamente ha inmortalizado su imagen en un cuadro colgado en la pared de su casa, donde le rinde homenaje perpetuo como si fuera una reliquia histórica. Opino que, desde su programa televisivo ¨Vivir del Cuento¨, ese reconocido humorista debería convocar a un aplauso nacional en honor a nuestra criollísima Madre Nutricia. Bien que lo merece.
No por gustos, el más fiel y devoto de sus hijos, Pánfilo Epifanio, jocosamente ha inmortalizado su imagen en un cuadro colgado en la pared de su casa, donde le rinde homenaje perpetuo como si fuera una reliquia histórica. Opino que, desde su programa televisivo ¨Vivir del Cuento¨, ese reconocido humorista debería convocar a un aplauso nacional en honor a nuestra criollísima Madre Nutricia. Bien que lo merece.
¡Larga vida a nuestra reina madre: Su Majestad, la
libretaǃ.















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