"Enfermedad de la civilización", "Patología crónica del siglo 21", "Síndrome de la glotonería", o simplemente gordos por neurosis, son algunos de los epítetos con intención que se han acuñado para caracterizar a la obesidad y a los obesos con el objetivo, al parecer, de llamar la atención de personas que cuando se suben a la báscula cierran los ojos para no ver lo que marca la escala, y no enterarse de cuántos gramos han aumentado en las últimas horas.
Pero esa dejadez de no querer, queriendo, al final cede ante la propia curiosidad y suele terminar en un suspiro y comentarios como: "la comida chatarra nos está matando", "es la ansiedad, por eso como y como sin parar…"
Por supuesto, cada persona es un mundo aparte, sobre todo en materia de gustos gastronómicos, preferencias alimentarias y hábitos, heredados o aprendidos por herencia familiar, o inducción de la propaganda de mercado, que intenta vender de todo, envuelto en celofán o servido al estilo gourmet o dentro de un cartucho, no importa, lo que determina no es el envase, sino el contenido alimentario de lo que usted y yo nos llevamos a la boca y deglutamos, por eso es importante enterarse, no de las dietas "milagrosas", sino de opiniones y experiencias de facultativos que han estudiado el asunto de la que sin dudas es una patología generalizada en nuestros tiempos modernos, sin excluir regiones, continentes ni islas: La obesidad.
Pero, en definitiva, ¿de qué trata todo esto? Pues de comer, naturalmente, de lo que comemos y no de lo que no comemos, y mucho de lo que nos convendría comer para tener controlado el peso y no ser incluidos en las clasificaciones que a priori les endilgan a los gordos y gordísimos…
Moderar el apetito, premisa para empezar a bajar de peso
"Pero es que tengo siempre un hambre voraz", argumenta Robertico, mientras observa el desnudo abdomen inflado que exhiben sus más de 350 libras ante el enorme espejo de la cómoda.
Entonces debe enterarse de que ciertos alimentos generan una sensación de saciedad prolongada y así favorecen el control del apetito.
Explican expertos en nutrición que generalmente las fibras y los granos, si se utilizan de manera adecuada, pueden ayudar a moderar el apetito, y citan tres tipos de alimentos apropiados para disminuir el apetito y a la vez satisfacer el ansia de comer.
En primer lugar aparecen las fibras y los granos, las verduras, legumbres, frutas, leguminosas y similares, de los cuales usted seguramente conoce variedades al alcance de sus mercados y dependen de su presupuesto.
Legado al tema del bolsillo, es importante reflexionar que aunque algunas de las recomendaciones alimentarias puedan parecer relativamente caras en nuestro entorno comercial, en realidad también contribuirían a disminuir las visitas al médico y a tragar menos medicamentos, lo que se traduce en ganancia absoluta, de manera que es menester sacar la cuenta de qué costaría más, gastar en buena alimentación, o conformarse con chatarra alimentaria, tragar pastillas y ser candidato a visitar el quirófano.
Al respecto, la nutricionista Taiá Gaspar, experta en reeducación alimentaria, recuerda que en contacto con el agua las fibras solubles aumentan su volumen gástrico y dan una sensación de saciedad.
Otras alternativas son las hojas de lechuga o berro y los cereales en general (arroz integral, avena, centeno, cebada, mijo, maíz, quinua), frutos de plantas oleaginosas como, nueces, almendras, semillas y los llamados frutos secos, todos ellos aportadores de fibra y ricos en aminoácidos que participa en la síntesis de la serotonina, un neurotransmisor que regula el humor y el sueño.
Además aportan minerales y vitaminas del complejo B, vitales para el organismo, pues mejoran las defensas del cuerpo.
Para aumentar la sensación de saciedad las fibras pueden incluirse en todas las comidas del día, así como en los refrigerios, recomiendan los nutricionistas.
Igualmente, las proteínas y las grasas no saturadas demoran el vaciado gástrico hacia el intestino y prolongan la sensación de llenura. Aquí ubicamos alimentos como leguminosas, es decir, habas, lentejas, guisantes, garbanzos, etc., además de carnes, huevos y lácteos, y entre los ricos en grasas no saturadas, el maravilloso y versátil aguacate, y diversos aceites vegetales.
Así que ya sabe, lo importante no es encasillarse en una de las definiciones de la gordura y la obesidad, ni tenerle miedo a las intenciones peyorativas de los fabricantes de motes. Lo que determina es lo que se come, y cuidado con las opiniones como las de mi nieto Jorgito, que afirma "Yo como por mi lengua", es decir por lo que le gusta, y va camino de emular con Robertico y romper el récord familiar de los gordísimos…










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